Niñas y adolescentes: 63 feminicidios en seis meses
63 niñas y adolescentes asesinadas y clasificadas como víctimas de feminicidio en el primer semestre. Una cada tres días. La nueva ley de Chiapas ofrece un modelo replicable.
Niñas y adolescentes: 63 feminicidios en seis meses
Publicado el 30 de junio de 2025 · Categoría: Feminicidios
A mitad de año, las cifras del registro oficial de REDIM (Red por los Derechos de la Infancia en México) son brutales y por momentos difíciles de leer: 63 niñas y adolescentes (de 0 a 17 años) asesinadas y clasificadas como víctimas de feminicidio entre enero y junio de 2025. Es decir, una niña o adolescente cada tres días. La mayoría de los casos en Estado de México y Jalisco, dos entidades con alertas de violencia de género activas desde hace años, lo que demuestra que las alertas, sin presupuesto y sin operación efectiva, son papel.
A esa cifra hay que sumarle, además, los casos que las fiscalías estatales clasifican como "homicidio de menor" sin tipificarlos como feminicidio, perdiendo en el camino la perspectiva de género. La cifra real de violencia letal contra niñas y adolescentes es, según las propias organizaciones de infancia, considerablemente mayor.
Lo que está pasando con las infancias
La violencia contra niñas y adolescentes tiene perfiles propios que vale la pena identificar:
Una: el agresor es, mayoritariamente, del entorno cercano. Padres, padrastros, tíos, primos, vecinos, novios, conocidos del barrio. La idea del "extraño que aborda en la calle" es la excepción, no la regla. La mayoría de los feminicidios de niñas ocurren en sus casas, en casas de familiares, o en espacios donde el agresor ya tenía acceso. Eso significa que las estrategias de prevención centradas en "no hablar con extraños" tienen un alcance limitado: lo que las niñas necesitan, sobre todo, es entornos familiares y comunitarios en los que las violencias del propio entorno se denuncien y se sancionen.
Dos: hay un componente de violencia sexual en una proporción muy alta de los casos. El feminicidio de niñas suele estar precedido por agresiones sexuales que, en muchos casos, no fueron denunciadas durante años. La articulación entre abuso sexual infantil y feminicidio es uno de los patrones más graves del fenómeno.
Tres: las víctimas frecuentemente son hijas o hermanas de mujeres que ya enfrentaban violencia. Los hogares donde se ejerce violencia contra una mujer son lugares de alto riesgo para sus hijas e hijos. Cuando el sistema no protege a la madre, no protege a la hija. La cadena de fallas es completa: denuncias previas que no se atendieron, órdenes de protección que no se aplicaron, refugios que no se ofrecieron, agresores libres.
Cuatro: el grupo etario más afectado es el de adolescentes de 13 a 17 años. En ese rango se concentra el grueso de los casos. Ese grupo enfrenta vulnerabilidades específicas: las primeras relaciones de pareja, la salida del entorno familiar primario, la presencia en redes sociales que las exponen a redes de trata y de manipulación, la transición a espacios escolares de bachillerato con menos supervisión que la primaria.
El caso de Estado de México
Estado de México sigue siendo, junto con Jalisco, el estado con más feminicidios de niñas y adolescentes. La entidad tiene dos alertas de violencia de género activas, una declarada desde 2015 (general) y otra específica por desaparición de mujeres. La permanencia del problema, a pesar de las alertas, ilustra el gran desfase entre la declaratoria y la operación efectiva.
Los municipios con mayor concentración de casos en EdoMex son los conurbados de la Ciudad de México: Ecatepec, Naucalpan, Cuautitlán Izcalli, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl. La conurbación crea condiciones de extrema densidad poblacional, transporte público inseguro, infraestructura social precaria. Las niñas y adolescentes son, en ese tejido, particularmente vulnerables en sus trayectos escolares, en estaciones de transporte, en horarios nocturnos.
Lo que las infancias necesitan
Las propuestas técnicas de las organizaciones de infancia son específicas y bien documentadas. Algunas:
Sistemas integrados de protección a la infancia con presupuesto blindado. El SIPINNA (Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes) existe pero opera con presupuesto y plantilla insuficientes para la magnitud del problema.
Protocolos escolares obligatorios para detección temprana de niñas en situación de riesgo: signos de violencia familiar, ausentismo, cambios drásticos de comportamiento. La capacitación de personal docente en detección y referenciación es una inversión preventiva clave.
Refugios específicos para infancias y adolescencias víctimas de violencia familiar. La red nacional de refugios actual está orientada principalmente a mujeres adultas y sus hijos pequeños. Para adolescentes mayores, frecuentemente no hay opciones adecuadas.
Atención psicológica gratuita y especializada para sobrevivientes de abuso sexual infantil y para niñas que viven violencia. El acceso a salud mental especializada en infancia es muy limitado en hospitales públicos.
Educación sexual integral en todas las escuelas, con énfasis en consentimiento, autonomía corporal, identificación de relaciones abusivas. La ESI sigue siendo objeto de polémica política en México y su implementación es desigual entre entidades.
La nueva ley de Chiapas
Un avance que conviene celebrar: en 2025, Chiapas aprobó una ley específica que garantiza acceso a aborto legal y atención psicológica gratuita para niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. La norma reconoce que muchas niñas embarazadas producto de violación llegan tarde a las semanas legales no por descuido sino porque nadie en su entorno detectó el embarazo o porque el agresor era un familiar y se ocultó. La ley permite, en esos casos, ampliar el plazo y obliga al sistema de salud a proveer el servicio sin requerir denuncia previa.
Es un modelo replicable. Otras entidades deberían incorporarlo.
Lo que sigue
A las 63 niñas y adolescentes asesinadas en este primer semestre: las cargamos en la palabra y en la exigencia. A las que están leyendo y son hijas, hermanas, o están en posición de proteger a infancias cercanas: la atención al entorno cercano —ojos abiertos, oídos atentos, redes de cuidado— es una de las mejores líneas de defensa. La conversación sobre violencia contra infancias debería ocupar mucho más espacio del que ocupa.
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Fuentes:
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