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Feminicidios

Crisis de género en México: 10 feminicidios al día en promedio

10 mujeres asesinadas al día en México, en promedio. Una mujer cada dos horas y media. Las cuatro causas estructurales que sostienen la cifra y lo que se podría hacer.

Por Ana López
Crisis de género en México: 10 feminicidios al día en promedio

Crisis de género en México: 10 feminicidios al día en promedio

Publicado el 9 de junio de 2025 · Categoría: Feminicidios

A mitad de año, las cifras dan un retrato consistente y brutal: en México son asesinadas, en promedio, 10 mujeres cada día. La frase la repitió la Jornada en su reportaje de junio. La OCNF la corroboró con datos. La CNDH la incluyó en sus comunicados. La cifra se construye sumando feminicidios tipificados (que van por debajo de tres al día) más homicidios dolosos de mujeres (que cubren la diferencia). Diez al día significa más de tres mil al año. Tres mil familias rotas. Tres mil cuerpos que no debieron acabar en una morgue.

La crisis tiene cara

Si la cifra cuesta visualizarse, conviene aterrizarla. Diez al día es una mujer cada dos horas y media. Es una mujer mientras lees este texto. Es una mujer en cada estado del país por día (con diferencias importantes en distribución, pero el promedio se mantiene). Es, sostenidamente, durante años, durante administraciones, durante reformas legales, durante operativos de fuerza pública.

Esta crisis no es nueva. Lo nuevo —si algo es nuevo— es la conciencia social. La crisis se nombra. Se documenta. Se grita en marchas. Pero las cifras no bajan. La pregunta política es por qué.

Las cuatro causas que se repiten

Cuatro factores estructurales explican, conjuntamente, por qué los feminicidios en México sostienen su nivel a pesar de los avances legales. No son nuevos. Llevan décadas. Pero conviene nombrarlos juntos:

Uno: misoginia normalizada. La violencia contra mujeres, en su raíz cultural, se sostiene en un sistema de creencias que considera a las mujeres como propiedad, como subordinadas, como cuerpos al servicio del deseo masculino. Esa misoginia se inculca desde la primera infancia, se reproduce en medios masivos, se sostiene en la cultura cotidiana. Cambiarla requiere intervenciones de muy largo plazo: educación, comunicación, cultura. Mientras opere, los agresores tendrán base social para actuar y disculparse.

Dos: impunidad sistémica. La probabilidad de que un feminicida sea aprehendido, procesado y condenado es baja. La probabilidad de que sea condenado en plazos razonables, menor. La probabilidad de que la sentencia sea proporcional al delito, todavía menor. Esa cadena de impunidad envía un mensaje claro a quienes ejercen violencia: las consecuencias son improbables. La impunidad es, en términos económicos, un subsidio al feminicidio.

Tres: debilidad institucional. Las fiscalías estatales operan con plantillas insuficientes, formación irregular, presupuestos recortados. Los Centros de Justicia para las Mujeres, donde existen, operan con recursos humanos limitados. Los refugios cubren una fracción mínima de la demanda. Las líneas 911 con perspectiva de género funcionan parcialmente. La infraestructura de prevención y atención simplemente no alcanza.

Cuatro: cooptación criminal. En estados donde el crimen organizado controla territorios, las mujeres aparecen como mensaje, como botín, como ejemplo. Esa dimensión —que cubrimos en el texto sobre Jalisco— se cruza con las anteriores y las amplifica.

Lo que se puede medir

Desde 2007, cuando la Ciudad de México tipificó el feminicidio por primera vez, la métrica de cuántos casos se registran ha crecido. Eso no significa que la violencia haya crecido proporcionalmente: parte del aumento se explica porque hoy se nombran como feminicidios casos que antes se diluían en homicidios comunes. Pero incluso descontando ese efecto, la realidad es que México mantiene tasas de feminicidio entre las más altas de América Latina y del mundo en países sin guerra declarada.

El dato del 2025 al cierre de mayo:

  • 597 feminicidios tipificados en lo que va del año (proyección anual: 1,400+)
  • 5,020 asesinatos de mujeres totales (proyección anual: 12,000+ si el ritmo se mantiene)
  • 21 estados con incrementos respecto a 2024
  • 7 estados que concentran 60% de los casos: Sinaloa, Estado de México, Chihuahua, Ciudad de México, Veracruz, Jalisco, Guanajuato

La conversación que falta

Hay una conversación que rara vez se hace pública porque incomoda: ¿qué hace falta para que estas cifras bajen significativamente? Las propuestas técnicas existen. Las organizaciones civiles las llevan publicando hace años. Pero no terminan de implementarse al ritmo y con la profundidad necesarios. Algunas:

Reformar la cadena de procuración de justicia para que cada feminicidio se investigue desde el inicio con perspectiva de género obligatoria, no opcional.

Crear un Registro Nacional Único de Víctimas con datos abiertos, comparables entre estados, con información que las familias puedan consultar.

Aumentar significativamente el presupuesto de los Centros de Justicia para las Mujeres y duplicar la red nacional de refugios.

Capacitar de manera obligatoria, certificable y con sanción al personal de las fiscalías estatales y de las primeras instancias judiciales.

Tipificar uniformemente el feminicidio en los códigos penales estatales, eliminando criterios restrictivos que diluyen la cifra.

Reconocer formalmente a las buscadoras y defensoras como personas defensoras de derechos humanos.

Implementar el Sistema Nacional de Cuidados como política preventiva estructural.

Cumplir las recomendaciones del CEDAW de manera sistemática.

Hacer públicos, cada trimestre, los indicadores de cumplimiento de las Alertas de Violencia de Género.

Ninguna de estas propuestas es nueva. La pregunta es la voluntad política para implementarlas todas, simultáneamente, con presupuesto y plazos.

Lo que esta plataforma sostiene

Cada lunes en este espacio. Cada cifra que duele. Cada nombre que se pueda nombrar. Cada exigencia que se mantenga. Cada testimonio que se acoja. La conversación pública sobre feminicidio en México ya no se detiene. La cuestión es traducirla, finalmente, en cifras que bajen.

A las familias de las 5,020 mujeres asesinadas hasta hoy en 2025: las cargamos en la palabra. A las que pueden caer mañana: nuestra obligación colectiva es seguir buscando que no caigan.


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Fuentes:

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