Madres que buscan: el día que duele dos veces
El 10 de mayo, en México, duele dos veces. Para las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, el Día de las Madres es un calendario que no cierra.
Madres que buscan: el día que duele dos veces
Publicado el 12 de mayo de 2025 · Categoría: Desapariciones
El 10 de mayo, en México, se celebra el Día de las Madres. Para algunas familias es un día de flores, comidas, llamadas largas, ramos de claveles y mariachis. Para miles de otras —más de 130 mil familias con personas desaparecidas en el país, según la Comisión Nacional de Búsqueda— el 10 de mayo es el día que duele dos veces. Una vez por la ausencia de quien ya no está. Otra vez por el calendario que insiste en seguir corriendo.
Las madres buscadoras son, en este país, una de las figuras políticas más importantes del siglo XXI mexicano. No por elección. Por imposición. Por la herida que las llevó a aprender forense, derecho penal, técnicas de excavación, manejo de medios, vocería pública, organización colectiva. Por convertir el duelo personal en exigencia política. Por sostener la búsqueda durante años, décadas, sin garantía alguna de respuesta.
Los colectivos: rostros, geografías
Hay decenas de colectivos de madres buscadoras en todo el país. 134 colectivos documentados por Amnistía Internacional en 2024, conformando una red sin precedentes en la historia mexicana. Algunas referencias:
Madres Buscadoras de Sonora, lideradas durante años por Cecilia Flores, han sido pioneras en métodos de búsqueda en superficie y en la denuncia pública internacional. Su trabajo en el desierto sonorense ha localizado cientos de cuerpos.
Guerreras Buscadoras de Jalisco y Guerreros Buscadores de Jalisco, este último el colectivo que destapó el Rancho Izaguirre en marzo. Su trabajo cotidiano combina excavación, articulación con fiscalías y un nivel de presencia mediática que ha forzado al Estado a actuar.
Brigada Nacional de Búsqueda, que articula a colectivos de varios estados para realizar jornadas masivas de excavación. Sus brigadas en Veracruz, Coahuila y Sinaloa han identificado fosas que llevaban años sin atención oficial.
Madres Buscadoras de Guerrero, Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos (Coahuila), Solecito (Veracruz), Rastreadoras del Fuerte (Sinaloa), y muchas más. Cada una con su territorio, sus métodos, sus duelos y sus victorias.
El precio que pagan
Las madres que buscan a sus hijas e hijos pagan un precio brutal. 27 personas buscadoras han sido asesinadas y al menos tres más desaparecidas en México durante los últimos años, según datos de A Dónde Van los Desaparecidos. Solo en 2025, seis personas buscadoras —cuatro mujeres y dos hombres— fueron asesinadas. Las amenazas son cotidianas. La hostilidad de autoridades locales, frecuente. La criminalización (acusaciones de "obstaculizar investigaciones", de "estar ligadas al crimen organizado") aparece cuando su trabajo se vuelve incómodo para quienes deberían apoyarlas.
Y el dolor económico se suma al emocional. Buscar a un hijo o una hija desaparecida cuesta dinero. Viajes a fiscalías estatales, peritajes pagados de su bolsillo, días de trabajo perdidos, mantenimiento de redes de contactos, equipos de excavación, gasolina, comidas durante jornadas de campo. Muchas madres han abandonado empleos formales para dedicarse de tiempo completo a la búsqueda. Sus familias se sostienen con apoyos solidarios, con financiamiento de organizaciones civiles, con lo poco que pueden ahorrar.
Lo que el Estado no hace
La obligación legal del Estado mexicano es buscar a las personas desaparecidas. La Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas y Desaparición Cometida por Particulares, aprobada en 2017, establece protocolos, estructuras y plazos. La realidad de su implementación es desigual, frecuentemente fallida, y en muchos casos contradictoria con los derechos de las víctimas.
La Comisión Nacional de Búsqueda tiene presupuesto recortado. Las comisiones estatales operan con plantillas insuficientes y formación irregular. El Banco Nacional de Datos Forenses sigue siendo incompleto. La identificación genética toma años. La articulación entre fiscalías estatales y la federal es fragmentaria.
Y, como denuncian las propias buscadoras, hay un tratamiento institucional condescendiente: las recibe el subsecretario en lugar del secretario, las atiende un funcionario menor en lugar del fiscal, les piden esperar reportes que nunca llegan. La voluntad política para tratar la búsqueda como prioridad nacional, equiparable a otras emergencias del país, ha sido históricamente débil.
El reconocimiento pendiente
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ha recomendado expresamente al Estado mexicano reconocer formalmente a las madres buscadoras como personas defensoras de derechos humanos, con todas las garantías que ese estatus implica: protocolos de protección, acceso al Mecanismo Federal, prerrogativas en investigaciones donde puedan ser víctimas. Ese reconocimiento sigue siendo parcial.
Las propias buscadoras lo exigen no como reconocimiento simbólico, sino como herramienta concreta. Si el Estado las reconoce como defensoras, entonces los crímenes contra ellas se investigan con perspectiva específica; sus medidas de protección se actualizan en plazos breves; sus actividades de búsqueda no pueden ser obstaculizadas administrativamente; su financiamiento puede pasar por canales públicos. Sin ese reconocimiento, siguen quedando expuestas a un sistema que las trata como sospechosas en lugar de aliadas.
Para el 10 de mayo
Si conoces a una madre buscadora, escríbele. Si lees este texto y no eres parte directa del dolor, sostén la conversación pública sobre el tema. Si puedes apoyar económicamente o con tiempo a algún colectivo local, hazlo. Si tienes información sobre alguna persona desaparecida, repórtala anónimamente —en ni-una-mas.mx hay un canal seguro—. Si eres autoridad y estás leyendo, corrige lo que tu institución no ha corregido.
A las madres que buscan: las cargamos en el corazón cada día, no solo el 10 de mayo. Y en este día, que duele dos veces, las acompañamos en la palabra y en la esperanza terca de que, alguna vez, encuentren a quien aman.
Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.
Fuentes:
- Mujeres buscadoras en México: la esperanza en el país de las personas desaparecidas — Amnistía Internacional
- Las mujeres buscadoras de personas desaparecidas — Amnistía
- 27 personas buscadoras han sido asesinadas — A Dónde Van los Desaparecidos
- La búsqueda de personas desaparecidas es una labor de alto riesgo — Amnistía
- México: Desaparecer otra vez — Amnistía Internacional
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