Triqui, mazateca, nahua: las defensoras indígenas que México no protege
Mujeres triqui, mazateca, nahua, yaqui defienden territorios y pagan con su vida. La triple violencia que enfrentan y las estrategias comunitarias que construyen frente a la falla institucional.
Triqui, mazateca, nahua: las defensoras indígenas que México no protege
Publicado el 18 de agosto de 2025 · Categoría: Especiales
En el marco del Año de las Mujeres Indígenas, declarado por el gobierno federal en diciembre de 2024 y que cubrimos en el segundo texto de este año, hoy queremos profundizar en una capa específica: las defensoras del territorio que son, además, indígenas. La intersección entre la condición de mujer, la identidad indígena y el rol de defensora produce una vulnerabilidad cualitativamente distinta —y agravada— frente a quienes no comparten todas esas dimensiones. Las cifras son contundentes: México es el segundo país de Mesoamérica con más asesinatos de defensoras ambientales, solo detrás de Honduras. Entre 2018 y 2024, siete defensoras triquis fueron asesinadas en Oaxaca. Las causales se repiten: oposición a megaproyectos, defensa de bienes comunes, denuncia de corrupción local.
La triple violencia
Una mujer indígena defensora enfrenta, simultáneamente, tres ejes de violencia que se retroalimentan:
Por ser mujer: violencia de género estructural, hostigamiento sexual, agresiones diferenciadas (amenazas a hijas e hijos, exposición pública de cuerpo, criminalización por su rol "salido del lugar tradicional").
Por ser indígena: racismo institucional sostenido, dificultad de acceso a servicios públicos básicos, discriminación lingüística (autoridades que no respetan su derecho a expresarse en su lengua materna), invisibilización en medios de comunicación masiva.
Por defender territorio: amenazas, hostigamiento, criminalización judicial, desplazamiento forzado, asesinato.
Esa triple condición genera una vulnerabilidad que los protocolos de protección estándar no atienden. Una defensora urbana puede recibir un escolta, un botón de pánico, un esquema rotativo. Una defensora wixárika que vive a seis horas de la cabecera municipal más cercana, en un territorio donde la propia policía ha sido cooptada por el grupo armado que ella denuncia, no puede protegerse con esos mecanismos. Necesita algo distinto: presencia comunitaria, acompañamiento intercultural, traducción a su lengua, protocolos sensibles a la cosmovisión indígena, y sobre todo, sanción a los funcionarios que filtran información a sus agresores.
Los pueblos en la primera línea
Triquis, en Oaxaca. La región triqui ha sido escenario, durante décadas, de conflictos territoriales agudos: disputas internas entre comunidades, presencia de grupos armados, control caciquil de algunas autoridades locales. Las mujeres triquis que se han organizado para denunciar feminicidios, oponerse a megaproyectos, exigir agua potable y servicios básicos, han sido sistemáticamente atacadas. Siete asesinatos documentados en seis años. Cada uno con una historia individual, todos con un patrón compartido: ataque, impunidad inicial, presión sostenida de organizaciones civiles, avance lento o nulo de la justicia.
Mazatecas, en la Sierra Mazateca de Oaxaca. Las mujeres mazatecas han sido pioneras en oponerse al avance del despojo turístico vinculado al "boom" de la psilocibina, que ha generado dinámicas de extracción cultural y económica sobre sus territorios. La defensa de la integridad de los hongos sagrados, de los rituales, de la propia lengua, se ha vuelto frente de batalla. Algunas defensoras mazatecas han enfrentado hostigamiento, criminalización judicial y amenazas.
Nahuas, en distintas regiones (Sierra Norte de Puebla, Sierra de Zongolica en Veracruz, Texcoco en Estado de México, Mesa Central). Las mujeres nahuas han liderado oposición a proyectos eólicos, gasoductos, presas, corredores logísticos. Su trabajo en consulta comunitaria, en asambleas, en bloqueos pacíficos, ha sido reprimido frecuentemente con violencia paraestatal y agresión sexual selectiva.
Otros pueblos: yaqui (Sonora), comcáac (Sonora), wixárika (Jalisco-Nayarit-Durango), ñañú/otomí (Hidalgo, Querétaro), purépecha (Michoacán), zapoteca (Oaxaca), mixteca (Oaxaca, Guerrero), maya (Yucatán, Campeche, Quintana Roo), tseltal y tsotsil (Chiapas), entre muchos otros. En cada territorio, mujeres indígenas que sostienen la defensa del agua, de los bosques, de las semillas, de la lengua, de la comunidad.
Lo que hace la diferencia: protección comunitaria
Las defensoras indígenas han desarrollado, frente a la falla de los mecanismos institucionales, estrategias comunitarias de protección que merece la pena nombrar:
Asambleas comunitarias que toman colectivamente las decisiones de defensa, evitando que la responsabilidad recaiga sobre individuos aislados. Cuando una asamblea de mil personas decide oponerse a un proyecto, atacar a una defensora individual es menos efectivo para silenciar la oposición.
Rotación de voceras, para que las amenazas no se concentren en una sola persona y para distribuir el riesgo entre varias.
Acompañamiento intercomunitario, donde colectivas de un pueblo apoyan a otros pueblos en momentos de crisis.
Articulación con organizaciones nacionales e internacionales (Tlachinollan, Centro Prodh, Servicios para una Educación Alternativa, EDUCA, Amnistía Internacional, Front Line Defenders) que pueden activar redes de protección y visibilidad cuando las autoridades locales fallan.
Documentación rigurosa de cada amenaza, agresión, intento de criminalización, para construir expedientes que algún día puedan presentarse ante instancias internacionales (CIDH, ONU).
Lo que el Estado sigue debiendo
A pesar del discurso del Año de las Mujeres Indígenas, las deudas concretas del Estado mexicano permanecen casi todas:
Reconocimiento formal de las defensoras indígenas como personas defensoras de derechos humanos, recomendado por el CEDAW y otros organismos internacionales.
Presupuesto específico para protección con perspectiva intercultural en el Mecanismo Federal.
Formación intercultural obligatoria para funcionarios estatales y federales que interactúan con comunidades indígenas.
Investigación efectiva de los crímenes contra defensoras, incluyendo líneas que exploren responsabilidades de funcionarios cómplices.
Implementación efectiva del derecho a la consulta libre, previa e informada para todos los megaproyectos, antes y no después de las concesiones.
Lo que le toca a quien acompaña desde fuera
Si esta lectura te interpela, hay maneras concretas de acompañar las luchas de las defensoras indígenas sin reproducir lógicas paternalistas o extractivistas:
Difundir su trabajo y nombrarlas en sus propios términos.
Apoyar económicamente a sus colectivas y a las organizaciones nacionales que las acompañan, con financiamiento sostenido y no condicionado.
Cuando viajas a sus territorios, hacerlo con respeto, escuchando, sin extractivismo cultural.
Exigir a las instituciones políticas públicas que las protejan, no que les den ceremonias.
Reconocer que la lucha por el territorio que las indígenas sostienen es la misma lucha de la que dependemos todas: por agua, por bosques, por semillas, por una tierra habitable.
A las defensoras triquis, mazatecas, nahuas, yaquis, comcáac, mayas, wixárikas y de todos los pueblos: sus nombres están en la memoria que esta plataforma sostiene, y sus exigencias son las nuestras. Que el Año de las Mujeres Indígenas se traduzca, finalmente, en políticas que les permitan llegar vivas a diciembre y al año siguiente.
Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.
Fuentes:
- Guardianas de la Tierra — Amnistía Internacional
- Mujeres son la última defensa de los bienes naturales — Oxfam México
- México, segundo en asesinatos de defensoras ambientales — Proceso
- En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas — ONU-DH
- Casi 900 agresiones contra defensoras de la tierra — Infobae
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