Saltar al contenido principal
Líneas de ayuda 24/7 911 (emergencias) Locatel 55 5658 1111 No estás sola.
Especiales

Resistencia indígena: mujeres que defienden el agua en Sonora y Oaxaca

Mujeres yaqui, comcáac, zapoteca y mixteca defienden el agua frente a megaproyectos. Sus luchas comparten patrones que el feminismo nacional debe reconocer.

Por Ana López
Resistencia indígena: mujeres que defienden el agua en Sonora y Oaxaca

Resistencia indígena: mujeres que defienden el agua en Sonora y Oaxaca

Publicado el 13 de octubre de 2025 · Categoría: Especiales

En octubre de 2025, dos noticias regionales pusieron, otra vez, a las mujeres indígenas en el centro de la conversación sobre territorio. En Sonora, mujeres de los pueblos yaqui y comcáac sostienen vigilias permanentes frente a presas que han desviado el flujo natural del río Yaqui, secando manantiales y comunidades enteras. En Oaxaca, mujeres zapotecas y mixtecas defienden manantiales del Istmo frente a proyectos eólicos de gran escala que extraen agua sin consulta previa. Las dos luchas son distintas geográficamente, pero comparten patrón: mujeres indígenas resistiendo el despojo hídrico que viene con megaproyectos, frecuentemente apoyados por gobiernos estatales y empresas nacionales o transnacionales.

El agua es, en estos territorios, mucho más que un recurso natural. Es la base de la vida cotidiana, de las prácticas culturales, de la economía local, del entramado simbólico que sostiene a las comunidades. Defenderla es, simultáneamente, defender la propia existencia. Y las mujeres son, en esa lucha, primera línea.

Sonora: el río Yaqui que ya no llega

El río Yaqui, columna vertebral hídrica del sur de Sonora, ha sido desviado y represado durante décadas para abastecer sistemas de riego agrícola intensivo y, más recientemente, demandas urbanas de Hermosillo. Las comunidades de la Tribu Yaqui, asentadas en su cauce histórico, han visto su acceso al agua reducirse progresivamente. El Acueducto Independencia, inaugurado en 2010 y operando desde entonces, fue el detonante de una de las mayores resistencias indígenas del norte del país.

Las mujeres yaqui han liderado, desde entonces, vigilias permanentes, bloqueos pacíficos, presencia constante ante autoridades. Tomasa Cuevas, Anabela Carlón, Bertha Bremer y muchas otras (no todas con nombres públicos por seguridad) han sostenido la lucha. Han enfrentado hostigamiento institucional, criminalización judicial, agresiones de actores particulares que se benefician del despojo. La lucha del agua se ha vuelto, también, lucha por la lengua yaqui, por las prácticas tradicionales de la pesca y la agricultura, por la sobrevivencia cultural.

En 2025, el conflicto se intensificó. Iniciativas de autoridades estatales para nuevos esquemas de "modernización del riego" (que en la práctica privatizan el manejo del agua y reducen aún más el flujo natural) provocaron una ola de movilizaciones. Las mujeres yaqui, junto con compañeras del pueblo comcáac (otra etnia sonorense con territorios costeros amenazados por extractivismo), han articulado una respuesta común. La presencia de organizaciones nacionales como CEMDA, Tlachinollan y Centro Prodh ha amplificado su voz.

Oaxaca: el Istmo y los manantiales

El Istmo de Tehuantepec es, desde la última década, uno de los principales polos de generación eólica en México. Decenas de parques eólicos operan en sus llanuras, abasteciendo demanda industrial y de exportación. Pero la generación eólica, contrario a la imagen "verde" con que se promueve, requiere insumos hídricos importantes para mantenimiento de turbinas y para los procesos asociados de manufactura de componentes en plantas vinculadas. Y, sobre todo, los proyectos han llegado a tierras indígenas sin la consulta libre, previa e informada que el Convenio 169 de la OIT establece como obligatoria.

Las mujeres zapotecas y mixtecas del Istmo —entre ellas, Bettina Cruz Velázquez, mártir defensora hace una década, y muchas que continúan su trabajo— han sostenido durante años una de las luchas más importantes contra la imposición de megaproyectos energéticos en territorios indígenas. La defensa de los manantiales, los humedales y los ríos del Istmo es, para ellas, defensa de la vida cotidiana de sus comunidades.

En 2025, varios casos avanzaron en tribunales internacionales. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitió a trámite quejas contra el Estado mexicano por violación al derecho a la consulta en proyectos eólicos del Istmo. Las defensoras zapotecas y mixtecas han sido testimonio central en esos procesos. Su trabajo de documentación —apoyada por organizaciones como Tequio Jurídico, Servicios para una Educación Alternativa y Centro Mexicano de Derecho Ambiental— ha sido clave.

Lo que tienen en común

Las luchas yaqui y zapoteca, distintas geográficamente, comparten patrones que merecen identificarse:

Una. Consulta no realizada o realizada simulada. En ambos casos, los megaproyectos llegaron sin consulta libre, previa e informada de las comunidades. Cuando hubo "consulta", fue posterior a las decisiones administrativas o realizada en condiciones que las propias comunidades describen como simulación.

Dos. Liderazgo femenino central. Las mujeres son, en ambos casos, líderes visibles de la resistencia. No es excepción cultural: es continuidad de roles tradicionales (las mujeres son las primeras en sostener la economía de subsistencia que depende del agua) que se reactualizan políticamente.

Tres. Criminalización institucional. Tanto las defensoras yaqui como las zapotecas han enfrentado procesos judiciales en su contra (acusaciones de delitos contra la propiedad, obstaculización de obra pública, etc.) en lo que organizaciones de derechos humanos llaman "criminalización" de la protesta legítima.

Cuatro. Articulación con redes nacionales e internacionales. La sobrevivencia y efectividad de estas luchas depende, en parte, de las redes que las amplifican: ONG nacionales, medios independientes, organismos internacionales. Sin esas redes, la represión local sería mucho más efectiva.

Cinco. Costos humanos altos. Defensoras asesinadas, desplazamientos forzados, hostigamiento permanente. La defensa del territorio cobra precio en los cuerpos de las mujeres que la sostienen.

Lo que estamos aprendiendo

Algunas lecciones que estas resistencias dejan al feminismo nacional:

Una. El feminismo no es solo agenda urbana. Las luchas de las defensoras indígenas son feminismo en su sentido más profundo: defensa de la vida, de la autonomía, de la integridad. Sin atender estas luchas, el feminismo nacional pierde dimensión.

Dos. La intersección entre género, etnicidad y territorio produce vulnerabilidades específicas. La política pública de protección a defensoras debe diseñarse desde esa intersección, no desde un molde único.

Tres. El "desarrollo" entendido como crecimiento de infraestructura energética o agrícola intensiva tiene costos invisibilizados. El agua que las defensoras indígenas defienden es, en última instancia, el agua que toda la sociedad necesitará en las próximas décadas.

Cuatro. La fortaleza de las comunidades indígenas viene, en gran parte, del trabajo sostenido de sus mujeres. Reconocer ese trabajo no es paternalismo: es realidad histórica.

A las defensoras del agua

A las mujeres yaqui, comcáac, zapoteca, mixteca, mazateca, nahua, totonaca, mé'phaa, ñañú, wixárika, purépecha, maya, tseltal, tsotsil, y de tantos otros pueblos, que defienden con su cuerpo, su lengua, su tiempo, el agua que es de todas: gracias. Su lucha es nuestra lucha. Su sobrevivencia es responsabilidad colectiva.

Y a las instituciones del Estado: protejan a las defensoras. Reconozcan sus derechos territoriales. Implementen las consultas reales. Cumplan los criterios internacionales que han firmado. La sociedad mexicana se los debe.


Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.

Fuentes:

¿Esta historia te resuena?

Puedes compartir tu testimonio o denuncia de forma anónima. No pedimos nombre, correo ni teléfono.

Enviar denuncia anónima →

Lecturas relacionadas