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Igualdad de género

Trabajo doméstico no remunerado: el 22.8% del PIB que cargan las mujeres

El trabajo doméstico no remunerado equivale al 22.8% del PIB mexicano. Las mujeres dedican 42.8 horas semanales a labores no pagadas; los hombres 16.9. Cinco propuestas concretas.

Por Carmen Martínez
Trabajo doméstico no remunerado: el 22.8% del PIB que cargan las mujeres

Trabajo doméstico no remunerado: el 22.8% del PIB que cargan las mujeres

Publicado el 28 de julio de 2025 · Categoría: Igualdad de género

Cada año, el INEGI publica un dato que debería sacudir más conversaciones públicas de las que sacude: el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 22.8% del PIB de México. En cifras absolutas, eso es alrededor de 8 billones de pesos al año. Y la inmensa mayoría —73% de ese valor— lo aporta el trabajo de las mujeres. Mientras conversamos sobre crecimiento económico, política industrial, paquete económico federal y reformas hacendarias, hay una economía paralela que sostiene a la formal y que casi nunca aparece en los discursos: el trabajo de las mujeres que cocina, limpia, cuida hijos, cuida adultos mayores, cuida enfermos, sostiene el tejido emocional de las familias y los hogares.

Las horas que no se pagan

Los datos detallados del INEGI dan textura específica al fenómeno:

  • Las mujeres mexicanas dedican, en promedio, 42.8 horas semanales a labores no remuneradas.
  • Los hombres dedican 16.9 horas semanales a las mismas actividades.
  • La brecha es de aproximadamente 26 horas semanales, que equivalen a más de tres jornadas laborales completas.
  • En hogares con niños pequeños, la brecha se ensancha a 35 horas semanales.
  • En hogares donde hay personas mayores con dependencia, la brecha es de 40 horas semanales.

Esas horas no son tiempo libre. Son trabajo. Trabajo necesario para que la vida humana ocurra. Trabajo que produce valor económico (calculable, contabilizable, traducible a pesos). Y trabajo que, sin embargo, no se reconoce, no se paga, no se incorpora a las estadísticas oficiales de empleo.

La trampa de la "elección"

Cuando se hace pública esta cifra, la respuesta común desde sectores conservadores es: "es lo que las mujeres eligieron". La afirmación oculta que la "elección" se da en condiciones estructurales que no son neutras. Algunas razones por las que la "elección" es, en realidad, una construcción social:

Una. La socialización temprana asigna a niñas las tareas domésticas mucho antes que a niños. Las niñas aprenden, desde los 5 o 6 años, que lavar platos, recoger, cuidar hermanos pequeños, son sus tareas. Los niños aprenden lo contrario. Esa socialización no es elección: es entrenamiento sistemático.

Dos. Cuando una pareja heterosexual con hijos enfrenta la pregunta "¿quién reduce horas para cuidar?", la respuesta económica racional suele ser "la persona que gana menos". Y como las mujeres ganan menos por la brecha salarial, ellas son las que reducen horas. Es decir: la brecha salarial produce la brecha de cuidados, que a su vez profundiza la brecha salarial. Un círculo vicioso.

Tres. Los servicios públicos de cuidados (estancias infantiles, centros de día, atención domiciliaria a adultos mayores) son escasos, costosos o inexistentes en muchas regiones. Cuando no hay infraestructura pública, alguien tiene que cubrir el cuidado privadamente. Estructuralmente, esa carga recae sobre las mujeres.

Cuatro. Los esquemas de licencia parental siguen siendo profundamente desiguales. Las mujeres tienen entre 12 y 14 semanas de licencia por maternidad. Los hombres apenas 5 días. Esa disparidad envía un mensaje cultural y económico claro: el cuidado de los recién nacidos es trabajo de mujeres.

Las trabajadoras del hogar: la cara más visible

Existe una categoría específica donde el trabajo doméstico sí se paga, aunque siempre poco: las trabajadoras del hogar remuneradas. En México hay aproximadamente 2.4 millones de trabajadoras del hogar, 95% mujeres, en su gran mayoría provenientes de hogares de bajos ingresos, con frecuencia indígenas o migrantes. Sus condiciones laborales han sido históricamente precarias: salarios por debajo del mínimo, falta de seguridad social, jornadas extendidas, ausencia de prestaciones, despidos arbitrarios.

La reforma constitucional de 2019 que reconoció el derecho de las trabajadoras del hogar a la seguridad social fue un avance histórico. La implementación, sin embargo, ha sido lenta. Solo una fracción minoritaria de trabajadoras del hogar está afiliada formalmente al IMSS bajo el régimen específico que se creó para ellas. Las patronas y patrones siguen evadiendo la responsabilidad, y la fiscalización es débil.

Lo que se podría hacer

Las propuestas existen. Algunas que las organizaciones de incidencia (CIEP, IMCO, ONU Mujeres, OXFAM) llevan años empujando:

Una. Sistema Nacional de Cuidados con presupuesto blindado. Lo discutimos en mayo. La inversión pública en infraestructura física —estancias infantiles, centros de día, servicios domiciliarios— libera tiempo de las mujeres y permite que distribuyan trabajo entre lo remunerado y lo no remunerado.

Dos. Licencias parentales paritarias y obligatorias. Igualar las licencias entre madres y padres, hacerlas no transferibles entre miembros de la pareja, sancionar a los empleadores que las niegan. Mientras los hombres no tengan que tomar tiempo del cuidado infantil, el mercado seguirá operando con sesgo de género.

Tres. Reconocimiento contributivo del trabajo de cuidados en sistemas de pensión. Las mujeres que dedicaron años al cuidado familiar deberían acumular semanas de cotización equivalentes para fines de pensión. Argentina y Uruguay han implementado esquemas de este tipo.

Cuatro. Cumplimiento real de la reforma de trabajadoras del hogar. Fiscalización activa, sanción a quienes evaden la afiliación al IMSS, campañas masivas de información.

Cinco. Revisión de los salarios mínimos profesionales que afectan especialmente a sectores feminizados (cuidados, salud, educación, comercio menor). Mientras los sectores donde se concentran las mujeres tengan los salarios más bajos, la brecha salarial seguirá ensanchándose.

El cierre

El 22.8% del PIB que el trabajo no remunerado representa no es una metáfora. Es valor económico real producido cada día, en cada cocina, en cada cuarto de niños, en cada cuidado de enfermos. Reconocerlo, redistribuirlo y, finalmente, profesionalizar parte de él, es uno de los proyectos más importantes de política pública que México tiene pendiente.

A las mujeres que cargan, sin pago ni reconocimiento, el sostén invisible de la economía: sin ustedes, esta sociedad simplemente no funcionaría. Que el reconocimiento llegue, en presupuesto y en políticas, no en discursos.


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Fuentes:

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