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Acoso

Trabajadoras del hogar: a 5 años de la reforma constitucional

La reforma constitucional de 2019 reconoció a las trabajadoras del hogar como sujetas de derechos laborales plenos. A cinco años, el cumplimiento sigue siendo desigual.

Por Carmen Martínez
Trabajadoras del hogar: a 5 años de la reforma constitucional

Trabajadoras del hogar: a 5 años de la reforma constitucional

Publicado el 5 de febrero de 2024 · Categoría: Acoso

En México hay aproximadamente 2.4 millones de trabajadoras del hogar, 95% mujeres, en su gran mayoría de origen popular y con frecuencia indígenas o migrantes internas. La reforma constitucional aprobada en 2019, que reconoció el derecho de las trabajadoras del hogar a la seguridad social, fue celebrada como un avance histórico. A cinco años de su entrada en vigor, el balance es mixto: solo una fracción minoritaria de trabajadoras del hogar está afiliada formalmente al IMSS bajo el régimen específico que se creó para ellas. Las patronas y patrones siguen evadiendo, la fiscalización es débil, y las condiciones laborales más graves —despidos arbitrarios, jornadas extendidas, hostigamiento, abuso— siguen siendo cotidianas.

Este texto, primero del año en categoría de acoso laboral, abre una serie que acompañará durante 2024: el trabajo doméstico remunerado es uno de los sectores donde la violencia contra mujeres tiene presencia más opaca y donde la conquista legal sigue requiriendo presión sostenida.

La reforma de 2019

El 2 de julio de 2019 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma a la Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social que reconoció a las trabajadoras del hogar como sujetas de derechos laborales plenos. La reforma fue empujada por organizaciones como Sindicato Nacional de Trabajadoras y Trabajadores del Hogar (SINACTRAHO), CACEH (Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar), Hogar Justo Hogar, y otras agrupaciones que durante décadas habían organizado a este sector. Los litigios estratégicos ante la SCJN, especialmente el caso de Marcelina Bautista —fundadora de CACEH y referencia del movimiento—, fueron clave para forzar la reforma.

La reforma estableció: derecho a contrato escrito, jornada laboral de 8 horas, descanso semanal, vacaciones pagadas, aguinaldo, prima vacacional, incapacidad por enfermedad, afiliación obligatoria al IMSS bajo régimen especial, derecho a guarderías y a pensión.

Lo que pasó en cinco años

El régimen especial del IMSS se diseñó pensando en las particularidades del trabajo doméstico (frecuentemente con varios patrones, horas variables, salarios fluctuantes). Pero la implementación ha sido más lenta de lo proyectado. La afiliación obligatoria pasó por una fase piloto, luego una fase de obligatoriedad gradual, y al cierre de 2023 todavía la mayoría de trabajadoras del hogar no estaban afiliadas.

Las razones son varias y se acumulan. Patronas y patrones evaden por desconocimiento, por costos administrativos percibidos como altos, por relaciones laborales que resisten formalización ("es de la familia, lleva 20 años con nosotros"), por temor a sanciones futuras. Las trabajadoras, por su parte, frecuentemente desconocen sus derechos o temen represalias si los exigen ("si pides contrato, te despiden y te quedas sin trabajo").

La fiscalización del IMSS ha sido limitada. La capacidad de inspección no alcanza para los millones de hogares en los que ocurre la relación laboral. Y, a diferencia de empresas, los hogares no son lugares fácilmente auditables.

Las dimensiones de violencia

La conversación sobre derechos laborales de trabajadoras del hogar se cruza con dimensiones de violencia que el sector ha documentado:

Acoso sexual por parte de empleadores, hijos de empleadores, otros miembros del hogar. Las trabajadoras frecuentemente carecen de mecanismos seguros para denunciar (la denuncia significa pérdida del empleo, exposición pública, falta de redes de apoyo).

Despidos arbitrarios sin liquidación. Una trabajadora que lleva 15 años en una casa puede ser despedida un lunes sin pago de antigüedad ni prestaciones, simplemente porque la familia decidió "ya no necesitarla".

Encierro y restricción de movilidad en regímenes de "trabajadoras de planta" que viven en el hogar de la patrona. Casos extremos rayan con servidumbre.

Discriminación racial y clasista sostenida. Las patronas frecuentemente reproducen estereotipos sobre la inteligencia, capacidades o moralidad de las trabajadoras, especialmente cuando son indígenas.

Violencia psicológica (gritos, humillaciones, comparaciones, control sobre uso del baño o tiempo libre).

Lo que toca exigir en 2024

Una. Aceleración de la afiliación al IMSS con metas trimestrales públicas. La Secretaría del Trabajo y el IMSS deben coordinar campañas masivas de información dirigidas tanto a trabajadoras como a empleadores.

Dos. Sanciones efectivas a empleadores que evaden. Sin sanciones, la evasión seguirá siendo gratis. Las inspecciones del IMSS deben tener capacidad de imponer multas significativas.

Tres. Líneas de denuncia accesibles y específicas para trabajadoras del hogar. Las plataformas existentes son frecuentemente inaccesibles para mujeres con escolaridad limitada o sin manejo digital.

Cuatro. Refugios y apoyos específicos para trabajadoras del hogar en situación de violencia laboral o doméstica. La red existente se enfoca principalmente en violencia de pareja; las dimensiones de violencia laboral del trabajo doméstico requieren respuestas específicas.

Cinco. Reconocimiento simbólico. Las trabajadoras del hogar son parte fundamental de la economía y del sostenimiento de los hogares de clase media y alta. Reconocerlo culturalmente, no solo legalmente, es parte del trabajo pendiente.

A las trabajadoras del hogar que sostienen, sin reconocimiento, los hogares mexicanos: este espacio les escucha y acompaña sus exigencias.


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Fuentes:

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