Acoso en universidades: protocolos que no se aplican
La UNAM con 128 denuncias en un año. Los protocolos universitarios existen, pero su aplicación efectiva es la excepción. Tres exigencias concretas que pueden cambiar el panorama.
Acoso en universidades: protocolos que no se aplican
Publicado el 25 de agosto de 2025 · Categoría: Acoso
A pocos días del regreso a clases del semestre 2025-2 en universidades públicas, las colectivas estudiantiles feministas reactivan una conversación que cada año se repite: los protocolos contra el acoso existen, pero su aplicación efectiva es la excepción, no la regla. La UNAM, con 128 denuncias en un año (segunda institución pública con más quejas, solo detrás de Pemex), encarna el patrón nacional. Hay protocolo. Hay unidad de género. Hay capacitaciones. Y, sin embargo, la mayoría de los procedimientos terminan en sanciones leves, archivos administrativos o desistimientos por agotamiento de las víctimas. Ocho de cada diez denuncias en instituciones públicas terminan en impunidad.
La paradoja del protocolo
México tiene, en el papel, una de las arquitecturas más completas de América Latina contra el acoso universitario. Las universidades públicas más grandes (UNAM, IPN, UAM, Universidad de Guadalajara, BUAP, Universidad Veracruzana) cuentan con protocolos publicados, áreas de género formalmente constituidas, líneas internas de denuncia, formaciones obligatorias para personal docente. La pregunta no es si existe el aparato. La pregunta es por qué no funciona.
Las razones son varias y se entretejen:
Conflicto de intereses estructural. Las áreas de género universitarias dependen administrativamente de los rectorados o vicerrectorados. Sancionar a un profesor o funcionario senior implica costos políticos para la institución (escándalo público, conflicto sindical, posibles juicios laborales). El incentivo interno empuja hacia procedimientos que archiven sin sancionar, no que apliquen sanciones graves.
Procedimientos lentos. Un caso típico de denuncia en una unidad de género universitaria puede tomar entre seis meses y dos años en resolverse. Durante ese tiempo, la víctima sigue compartiendo espacio físico con el agresor, dependiendo de él para evaluaciones, firmas, espacios de oficina. Esa convivencia forzada lleva a muchas víctimas a desistir antes del fin del proceso.
Confidencialidad mal entendida. Los protocolos garantizan confidencialidad a la víctima, pero en la práctica protegen más al agresor: la víctima firma compromisos de no hablar del caso, mientras el agresor sigue en su puesto sin que sus colegas se enteren. Eso le permite seguir acosando a otras estudiantes.
Presunción de inocencia mal aplicada. Los procedimientos académicos suelen requerir estándares probatorios cuasi-penales (testigos, evidencia material) que son extremadamente difíciles de cumplir en casos de acoso, donde la mayoría ocurre sin testigos y sin material grabado.
Falta de protección durante el proceso. La estudiante denunciante puede ver cómo su agresor sigue dándole clase, calificando sus trabajos, decidiendo sobre su tesis. La asimetría de poder se mantiene durante todo el procedimiento.
Los tendederos: cuando la víctima toma la palabra
Frente a la falla institucional, las estudiantes desarrollaron, en la última década, una estrategia fuera de los protocolos: los tendederos. La idea es simple: las estudiantes anotan en hojas de papel los nombres de profesores, autoridades o estudiantes acosadores y los cuelgan públicamente en facultades, universidades o redes sociales. La estrategia ha sido criticada (por reproducir lógicas de "linchamiento", por no permitir derecho de réplica, por exponer a estudiantes a represalias). También ha sido defendida (por dar voz a víctimas que el sistema silenciaba, por crear conciencia colectiva, por presionar a las instituciones a actuar).
En la UNAM, los tendederos en CCH Sur, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas, FES Acatlán y otros espacios han dado lugar, en algunos casos, a investigaciones formales que terminaron en sanciones. En otros casos, han generado controversias internas que dividieron a las comunidades académicas. La conclusión que muchas estudiantes y académicas comparten es que los tendederos no son una solución estructural, pero son una respuesta legítima ante la inacción institucional.
Lo que las colectivas estudiantiles están exigiendo
En el inicio del semestre 2025-2, las colectivas universitarias presentan tres exigencias específicas que pueden cambiar el panorama si se atienden con seriedad:
Una. Mecanismo externo de denuncia. Que las denuncias por acoso académico no se procesen únicamente dentro de la propia universidad, sino que pasen por una instancia externa (Secretaría de las Mujeres, una comisión académica nacional, o un tribunal especializado). Eso elimina el conflicto de intereses estructural.
Dos. Indicadores trimestrales públicos. Que cada universidad pública publique, cada tres meses, cuántas denuncias recibió, cuántas iniciaron procedimiento formal, cuántas terminaron en sanción, qué tipo de sanción, y cuánto tiempo tomó cada una. La transparencia obliga.
Tres. Suspensión preventiva del agresor durante el proceso. En casos donde existe denuncia formal y elementos iniciales que la respaldan, el agresor (profesor, funcionario, estudiante) debe ser suspendido temporalmente del contacto con la denunciante. La carga de la modificación no debe recaer sobre la víctima.
Lo que pueden hacer las y los lectores
Si eres estudiante: documenta cualquier situación de acoso desde el inicio (capturas, fechas, testigos), consulta a colectivas feministas de tu facultad, no estás obligada a denunciar de inmediato pero tampoco a permanecer en silencio si así lo decides. La información es poder.
Si eres docente: revisa tu propia conducta con autocrítica honesta. Una broma, un comentario, una palmada que tú considerabas inocente puede haber sido vivida como acoso por otra persona. Pregúntale a tus colegas mujeres y estudiantes con confianza. Aprende de los casos públicos sin victimizarte.
Si eres autoridad universitaria: aplica los protocolos en serio, incluso cuando el agresor sea un colega cercano, un jefe poderoso o un investigador de prestigio. Tu firma en una sanción es lo que cambia, en concreto, la cultura institucional.
Lo que esta plataforma sostiene
A las estudiantes que denuncian, que escriben tendederos, que se organizan, que sostienen colectivas: gracias por no callar. A las que aún no se animan a denunciar pero saben que vivieron acoso: no hay tiempo correcto para hacerlo. Cada cual define el suyo. Y a las universidades públicas, especialmente a la UNAM y al IPN: el problema no se va a resolver con más capacitaciones obligatorias. Se va a resolver con sanciones efectivas, con suspensiones preventivas, con presupuestos blindados para áreas de género autónomas, y con voluntad política para tocar agresores que tienen estatus.
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