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Igualdad de género

Sistema Nacional de Cuidados: la promesa pendiente

El Sistema Nacional de Cuidados es la política pública con mayor potencial transformador para las mujeres mexicanas. Y la que tiene mayor distancia entre lo prometido y lo entregado.

Por María Hernández
Sistema Nacional de Cuidados: la promesa pendiente

Sistema Nacional de Cuidados: la promesa pendiente

Publicado el 26 de mayo de 2025 · Categoría: Igualdad de género

El Sistema Nacional de Cuidados es la política pública con mayor potencial de transformación estructural para la vida de las mujeres mexicanas. Y es, también, la política con mayor distancia entre lo prometido y lo entregado. La nueva Secretaría de las Mujeres lo incluyó en sus cinco líneas prioritarias en enero de 2025. Cuatro meses después, la pregunta de fondo sigue siendo: ¿cuándo va a tener presupuesto, infraestructura y operación real?

Qué se está hablando cuando hablamos de cuidados

El trabajo de cuidados es el conjunto de actividades cotidianas que sostienen la vida humana: alimentar, limpiar, cuidar a hijos pequeños, cuidar a personas enfermas, cuidar a personas mayores, cuidar a personas con discapacidad, gestionar la salud emocional del hogar, organizar logística doméstica, sostener la red afectiva entre miembros de la familia.

Ese trabajo, en México, lo realizan mayoritariamente las mujeres, en condiciones de trabajo no remunerado. Las cifras son contundentes: las mujeres dedican en promedio 42.8 horas semanales a labores no remuneradas, mientras los hombres apenas 16.9 horas. El valor económico de ese trabajo invisible equivale al 22.8% del PIB, según estimaciones del INEGI. Es decir: si pagáramos lo que las mujeres hacen sin paga, esa cuenta equivaldría a casi una cuarta parte de la economía formal.

Cuando se habla de "Sistema Nacional de Cuidados", lo que se discute es cómo redistribuir, profesionalizar y financiar parte de ese trabajo entre el Estado, las familias, el mercado y las comunidades. No es eliminar el cuidado del hogar —el cuidado es parte de la vida humana— sino dejar de cargarlo sobre los hombros de mujeres individuales sin reconocimiento, remuneración ni infraestructura de apoyo.

El modelo: qué hicieron otros países

Uruguay fue pionero en América Latina. Su Sistema Nacional Integrado de Cuidados se creó en 2015. Tiene cuatro componentes: servicios para infancias (estancias, escuelas con horario extendido), servicios para personas mayores en situación de dependencia (centros de día, asistentes personales), servicios para personas con discapacidad, y formación de cuidadoras comunitarias. El financiamiento es público con copagos diferenciados por ingreso.

Costa Rica desarrolló su Red Nacional de Cuidados con énfasis en infancias.

Argentina intentó implementar un sistema similar antes del giro de Milei en 2023. Hoy, gran parte de la infraestructura construida se desmanteló o quedó subfinanciada.

Chile está construyendo el Sistema Nacional de Cuidados como bandera del gobierno de Gabriel Boric, con un enfoque comunitario.

México, durante la administración de López Obrador, impulsó programas que tocan piezas del cuidado (Pensión para Adultos Mayores, Programa Sembrando Vida, ampliación de centros comunitarios), pero no construyó un sistema integrado. La Secretaría de las Mujeres heredó la promesa.

Lo que hizo falta hacer en mayo

Cinco meses después del arranque de la Secretaría, la auditoría preliminar es mixta. Lo que se anunció: una mesa intersecretarial para diseñar el sistema, con participación de Hacienda, Salud, Bienestar, Trabajo y Educación. Lo que falta: presupuesto etiquetado en el paquete económico para 2026, definición de la arquitectura institucional (¿descentralizada? ¿federal con corresponsabilidad estatal?), priorización de poblaciones (¿infancias primero? ¿personas mayores? ¿personas con discapacidad? ¿todas simultáneamente?).

La discusión técnica importa porque define quién paga y quién recibe. Un sistema federal centralizado da más control y uniformidad pero deja menos espacio para iniciativas locales innovadoras. Un sistema descentralizado con corresponsabilidad permite adaptación territorial pero corre el riesgo de profundizar desigualdades regionales (estados con más capacidad fiscal harían más; estados pobres se quedarían atrás). El equilibrio que muchos países han encontrado es un sistema con base nacional y participación territorial.

El financiamiento: la prueba de seriedad

La pregunta cruda es: ¿cuánto va a costar? Estimaciones de organizaciones civiles y centros académicos colocan el costo de un Sistema Nacional de Cuidados en aproximadamente 1.5% del PIB anual en su fase de consolidación. Para México, eso son alrededor de 500 mil millones de pesos al año. Es una cifra grande pero no imposible: equivale a una fracción del gasto en seguridad pública, o una porción del gasto en pensiones contributivas. La pregunta es de prioridades, no de capacidad.

El paquete económico para 2025 etiquetó cifras importantes para programas sociales orientados a mujeres (Mujeres con Bienestar, Pensión para Madres Trabajadoras), pero estos son programas de transferencia monetaria, no infraestructura de cuidados. La diferencia es importante: una transferencia monetaria a una mujer que cuida a su madre con Alzheimer la apoya temporalmente; una infraestructura de cuidados (un centro de día con personal capacitado donde dejarla unas horas diarias) le devuelve tiempo para trabajar formalmente, descansar, ejercer su autonomía.

Para 2026, las organizaciones de incidencia (ONU Mujeres México, OXFAM, IMCO) están empujando la inclusión explícita de un programa presupuestal de Cuidados con monto inicial específico. Hacienda, hasta el cierre de mayo, no se había pronunciado.

Cuidados como prevención de violencia

Hay un argumento adicional que rara vez se hace explícito en el debate público: un Sistema Nacional de Cuidados es, también, una política de prevención de violencia de género. La dependencia económica de las mujeres respecto a sus parejas masculinas es uno de los factores que más limitan la capacidad de salir de relaciones violentas. Cuando una mujer tiene infraestructura accesible para dejar a sus hijas pequeñas durante el día, puede mantener un trabajo formal. Cuando tiene apoyos para el cuidado de su madre o padre con dependencia, puede sostener su autonomía económica. Cuando el cuidado se distribuye, ella deja de estar atrapada en una sola fuente de ingreso —el ingreso de él—.

Por eso este texto cierra con una afirmación: el Sistema Nacional de Cuidados no es una política "blanda". Es una política de fondo para enfrentar la violencia de género. Y mientras siga siendo promesa pendiente, la violencia tendrá una de sus condiciones materiales operando a su favor.

A la Secretaría de las Mujeres: 2026 es el año. Que el paquete económico lo incluya con cifras concretas. A las colectivas y organizaciones que están empujando: gracias por sostener la conversación.


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Fuentes:

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