Siete transfeminicidios en un mes: nombrar a Eli, Katia, Joseline, Michelle, Montserrat, Guadalupe y Mónica
Siete mujeres trans asesinadas en un solo mes en México: Eli, Katia, Joseline, Michelle, Montserrat, Guadalupe y Mónica. Nombrarlas es resistir la primera violencia: la negación de su identidad.
Siete transfeminicidios en un mes: nombrar a Eli, Katia, Joseline, Michelle, Montserrat, Guadalupe y Mónica
Publicado el 4 de agosto de 2025 · Categoría: Especiales
Agosto comenzó con un golpe que las colectivas trans y feministas no podían mantener en silencio. En el mes de agosto de 2025, al menos siete mujeres trans fueron víctimas de transfeminicidio en México: Eli, Katia, Joseline, Michelle, Montserrat, Guadalupe y Mónica. Siete vidas en treinta días. Siete duelos colectivos. Siete familias. Siete casos que la cobertura mediática mayoritaria habría reducido, en otros tiempos, a notas breves clasificadas como "homicidios comunes" sin la dimensión de género que la realidad exige reconocer.
Este texto es, sobre todo, un acto de nombrarlas. Porque la primera violencia que el sistema ejerce contra las mujeres trans asesinadas es la negación de su identidad: la consignación oficial con el nombre y género asignado al nacer; la cobertura mediática que recurre a la palabra "hombre vestido de mujer" como descripción objetiva; la fiscalía que clasifica como homicidio común. Romper esa primera negación —pronunciar su nombre, reconocer su identidad— es, en términos políticos, un acto fundamental.
Las siete
Eli tenía 27 años. Trabajaba en un salón de belleza en Jalisco. Fue asesinada en su lugar de trabajo. La fiscalía estatal inicialmente clasificó el caso como "homicidio doloso de hombre". Tras presión del colectivo Transcontingenta y de la Asamblea Nacional de Personas Trans y No Binaries, el caso se reclasificó parcialmente.
Katia tenía 31 años. Migrante interna en busca de trabajo formal. Fue asesinada en una colonia de la Ciudad de México. El caso aún estaba en investigación al cierre de agosto, sin tipificación firme.
Joseline tenía 24 años. Estudiante. Fue asesinada en Veracruz. Su caso fue de los pocos donde la fiscalía estatal aceptó investigar bajo el ángulo de género desde el inicio, gracias al trabajo del colectivo local.
Michelle tenía 35 años. Trabajadora sexual en el Estado de México. Su caso fue clasificado como homicidio común y, al cierre de agosto, las colectivas seguían exigiendo reclasificación.
Montserrat tenía 29 años. Activista trans en Tamaulipas, integrante de un colectivo local. Su muerte fue particularmente dolorosa porque ella misma había acompañado, durante años, casos de transfeminicidio.
Guadalupe tenía 22 años. Estudiante universitaria en Guanajuato. Su caso fue uno de los más difundidos por la presencia activa de su familia, que se sumó al movimiento exigiendo justicia.
Mónica tenía 40 años. Vecina de Iztapalapa, en CDMX. Fue una de las pocas víctimas cuyo caso fue tipificado desde el inicio como transfeminicidio bajo la Ley Paola Buenrostro, gracias al protocolo específico de la fiscalía capitalina.
Lo que estos siete casos revelan
Que sean siete asesinadas en un solo mes, en distintos estados, con perfiles diversos —edades, ocupaciones, geografías—, revela algo importante: el transfeminicidio en México es estructural, no anecdótico. No se concentra en un grupo etario ni en una región específica. Cruza todas las clases sociales, todos los territorios, todas las edades. Lo que tienen en común las víctimas es la condición de mujeres trans en un país donde la transfobia no se reconoce como crimen específico y, por tanto, se invisibiliza estadísticamente.
La estimación actual: una de cada 2,200 mujeres trans en México es o será víctima de transfeminicidio. La esperanza de vida promedio de una mujer trans en América Latina, según datos de la CIDH, ronda los 35 años. Esa cifra es la suma acumulada de todas las violencias que las mujeres trans enfrentan: rechazo familiar temprano, expulsión escolar, exclusión laboral, dificultad de acceso a salud, vulnerabilidad al trabajo sexual sin protección, hostigamiento policial, agresiones cotidianas que escalan.
La Ley Paola Buenrostro: el modelo que urge replicar
La Ley Paola Buenrostro, aprobada en CDMX en julio de 2024 y nombrada en honor a una mujer trans asesinada en 2016, tipifica el transfeminicidio como delito específico, con penas de 35 a 70 años de prisión. Nayarit aprobó una legislación similar en marzo de 2024.
Esos son los únicos dos estados del país donde el transfeminicidio existe formalmente como tipo penal específico. En los otros 30, los asesinatos de mujeres trans entran a las estadísticas como "homicidio doloso de hombre" o "homicidio común". Las consecuencias son devastadoras: investigaciones sin perspectiva de género ni perspectiva trans específica; sanciones más bajas a los agresores; invisibilización de la violencia estructural; ausencia de políticas preventivas.
A un año de la promulgación de la Ley Paola Buenrostro, la propia fiscalía de la CDMX reportaba haber tipificado bajo este delito 4 casos. La cifra parece baja, pero hay que dimensionarla: antes de la ley, esos cuatro casos habrían quedado clasificados como homicidios comunes, sin investigación específica y sin atención a las redes de violencia trans-específica que los rodean. La diferencia importa.
El reto inmediato es la replicación. Las colectivas trans en otros estados están empujando legislaciones similares: en Jalisco, Estado de México, Puebla, Nuevo León, Baja California, Quintana Roo. La conversación es activa. Los congresos locales tienen iniciativas en distintas etapas de discusión. Lo que se necesita es presión sostenida y articulación con organizaciones nacionales.
Lo que pueden hacer instituciones, medios y sociedad
Las fiscalías estatales pueden, sin necesidad de tipificación específica, aplicar perspectiva trans en sus investigaciones: respetar la identidad autopercibida en consignaciones oficiales, explorar líneas de investigación que reconozcan transodio como motivación, articularse con colectivos especializados.
Los medios pueden ejercer cobertura responsable: nombrar a las víctimas con su identidad reconocida, evitar deadnaming (uso del nombre asignado al nacer), no usar como pretexto su trabajo o su entorno para "explicar" la violencia, no espectacularizar el cuerpo trans muerto.
Las y los lectores pueden, en sus redes de cercanía, sostener la conversación pública sobre transfeminicidios. Compartir información de colectivas trans. Apoyar económicamente proyectos comunitarios. Exigir a las instituciones políticas públicas específicas.
Las colectivas que sostienen
Las organizaciones que llevan adelante el trabajo de documentación, acompañamiento y denuncia merecen mención y apoyo: Transcontingenta, Asamblea Nacional de Personas Trans y No Binaries, Casa de las Muñecas Tiresias, Centro de Apoyo a las Identidades Trans (CAIT), Red de Juventudes Trans México, Almas Cautivas, y muchas más en distintos estados.
A las siete: Eli, Katia, Joseline, Michelle, Montserrat, Guadalupe, Mónica. Las nombramos porque nombrar es resistir el silencio. Porque su existencia, su identidad, su humanidad, no caben en las categorías administrativas que el Estado quiere imponer. Y porque mientras este país no las cuente como mujeres asesinadas con dimensión de género específica, este país sigue debiendo lo más básico: reconocerlas en su nombre completo.
Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.
Fuentes:
- México: en un mes hubo siete transfeminicidios — Agencia Presentes
- En México, 68 mujeres trans fueron asesinadas desde 2024 — Pie de Página
- México, segundo país con más transfeminicidios — Infobae
- Asesinan a golpes a mujer trans en Tepatitlán, Jalisco — Proceso
- 701 asesinatos contra mujeres trans en 15 años — Congreso Edomex
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