Mujeres indígenas: violencia y resistencia en 2024
Las mujeres indígenas mexicanas enfrentan tres ejes simultáneos de violencia: por género, por etnicidad, por defender territorio. La resistencia que sostienen es parte de la conquista feminista regional.
Mujeres indígenas: violencia y resistencia en 2024
Publicado el 1 de abril de 2024 · Categoría: Especiales
México tiene aproximadamente 23 millones de personas que se autoidentifican como indígenas, según los datos del Censo 2020. De ellas, más de la mitad son mujeres: alrededor de 11.7 millones, distribuidas en 68 pueblos originarios con sus respectivas variantes lingüísticas y culturales. Esas mujeres viven, en distintos grados, una intersección de violencias que el sistema institucional sigue sin atender adecuadamente: violencia de género, racismo institucional, despojo territorial, discriminación lingüística, exclusión económica.
Este texto, primero de abril, abre una serie que durante 2024 acompañará la conversación sobre derechos de mujeres indígenas, especialmente en el cruce con tres dinámicas que marcan el año: la transición presidencial que culminará con la primera mujer en Palacio Nacional, las disputas territoriales vinculadas a megaproyectos del sexenio que termina, y la agenda 2025 que se anunciaría meses después como Año de las Mujeres Indígenas.
Las cifras que importan
Algunos datos para situar la magnitud:
Pobreza: aproximadamente 75% de la población indígena mexicana vive en condiciones de pobreza, frente a 40% del promedio nacional. Las mujeres indígenas tienen mayor incidencia de pobreza extrema.
Educación: la escolaridad promedio de mujeres indígenas adultas es significativamente menor que la del promedio nacional. Una de cada tres mujeres indígenas mayores de 15 años no sabe leer.
Salud reproductiva: la mortalidad materna entre mujeres indígenas es tres veces mayor que en mujeres no indígenas. El acceso a partos asistidos en hospitales con personal capacitado en lenguas originarias sigue siendo limitado.
Violencia: aproximadamente 65% de las mujeres indígenas mayores de 15 años han experimentado algún tipo de violencia, según ENDIREH. La cifra es similar al promedio nacional, pero las dimensiones específicas son particulares.
Defensoras asesinadas: como reportamos en enero, al menos siete defensoras triquis fueron asesinadas en Oaxaca entre 2018 y 2024. Casos similares en otros pueblos están documentados.
La triple violencia
Una mujer indígena defensora enfrenta, simultáneamente, tres ejes de violencia que se retroalimentan:
Por ser mujer: violencia de género estructural, hostigamiento sexual, agresiones diferenciadas (amenazas a hijas e hijos, exposición pública del cuerpo, criminalización por "salir del lugar tradicional").
Por ser indígena: racismo institucional sostenido, dificultad de acceso a servicios públicos, discriminación lingüística (autoridades que no respetan su derecho a expresarse en lengua materna, ministerios públicos sin traductores, hospitales donde no se atiende en su lengua).
Por defender territorio: amenazas, hostigamiento, criminalización judicial, desplazamiento forzado, asesinato. Los megaproyectos extractivos (mineros, eólicos, hidroeléctricos, agroindustriales, turísticos) concentran la violencia más letal.
Esa triple condición genera vulnerabilidad cualitativamente distinta que los protocolos estándar de protección no atienden adecuadamente. Una defensora urbana puede recibir un escolta, un botón de pánico. Una defensora wixárika que vive a seis horas de la cabecera municipal más cercana, en territorio donde la policía local ha sido cooptada, no puede protegerse con esos mecanismos. Necesita protección comunitaria, acompañamiento intercultural, traducción a su lengua, sanción a los funcionarios que filtran información.
Lo que las defensoras han construido
Frente a la falla institucional, las mujeres indígenas defensoras han desarrollado estrategias comunitarias que merecen reconocimiento:
Asambleas comunitarias que toman colectivamente las decisiones de defensa, evitando que la responsabilidad recaiga sobre individuos. Cuando una asamblea de mil personas decide oponerse a un proyecto, atacar a una defensora individual es menos efectivo para silenciar la oposición.
Rotación de voceras, para que las amenazas no se concentren en una sola persona y para distribuir el riesgo entre varias.
Acompañamiento intercomunitario, donde colectivas de un pueblo apoyan a otros pueblos en crisis.
Articulación con organizaciones nacionales e internacionales (Tlachinollan, Centro Prodh, Servicios para una Educación Alternativa, EDUCA, Amnistía Internacional, Front Line Defenders) que pueden activar redes de protección.
Documentación rigurosa de cada amenaza, agresión, intento de criminalización, para construir expedientes que algún día puedan presentarse ante instancias internacionales (CIDH, ONU).
Lo que el Estado sigue debiendo
A pesar de los marcos legales internacionales (Convenio 169 OIT, Declaración ONU sobre Derechos Pueblos Indígenas) y nacionales, las deudas concretas permanecen:
Reconocimiento formal de las defensoras indígenas como personas defensoras de derechos humanos, recomendado por el CEDAW.
Presupuesto específico para protección con perspectiva intercultural en el Mecanismo Federal.
Formación intercultural obligatoria para funcionarios estatales y federales.
Investigación efectiva de los crímenes contra defensoras, incluyendo líneas que exploren responsabilidades de funcionarios cómplices.
Implementación efectiva del derecho a la consulta libre, previa e informada para todos los megaproyectos, antes y no después de las concesiones.
Lo que esta plataforma seguirá
Vamos a darle continuidad a esta cobertura durante 2024. Cada vez que una defensora indígena sea atacada, asesinada, criminalizada, lo cubriremos. Cuando haya avances legales o políticos relevantes, también. La conversación nacional sobre derechos de mujeres no puede ignorar el trabajo de las defensoras indígenas.
A las mujeres indígenas mexicanas, en sus 68 pueblos y todas sus variantes: este espacio les escucha, las cita, las cree.
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Fuentes:
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