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Movimientos feministas

Diez años de Ni Una Menos: del grito argentino al hashtag latinoamericano

A diez años del primer Ni Una Menos en Buenos Aires, el feminismo latinoamericano hace balance. La experiencia argentina con Milei es enseñanza directa: las conquistas pueden revertirse.

Por Ana López
Diez años de Ni Una Menos: del grito argentino al hashtag latinoamericano

Diez años de Ni Una Menos: del grito argentino al hashtag latinoamericano

Publicado el 17 de marzo de 2025 · Categoría: Movimientos feministas

El 3 de junio de 2015, un grupo de periodistas, escritoras y activistas argentinas convocaron a una concentración en Plaza Congreso de Buenos Aires. La razón inmediata era el feminicidio de Chiara Páez, una adolescente embarazada de 14 años asesinada por su novio. La razón estructural era el cansancio de décadas de silencio. La consigna, escrita por la poeta Vanina Escales en una conversación de Twitter días antes: "Ni Una Menos." Aquel día, miles de personas marcharon en Buenos Aires y en decenas de ciudades argentinas. La frase trascendió las fronteras en cuestión de horas. Diez años después, en junio de 2025, "Ni Una Menos" es a la vez un grito, un hashtag, una hoja de ruta política y, sobre todo, una manera de nombrar lo común entre los feminismos de América Latina.

El nacimiento de un lenguaje compartido

Antes de junio de 2015, la palabra "feminicidio" se usaba en círculos académicos, en informes de organizaciones civiles, en algunos manuales legales. Después de junio de 2015, entró en la conversación pública. El movimiento Ni Una Menos hizo lo que ninguna ley había logrado: convertir el feminicidio en un asunto de la calle. La Argentina convocó. México amplificó. Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Bolivia, Ecuador y, con el tiempo, prácticamente todo el continente, sumaron sus propias marchas. Ni Una Menos se volvió, de hecho, lo que pocos movimientos sociales latinoamericanos han logrado: una identidad simultánea en distintas geografías, sin perder lo local.

En México, las marchas de "Ni Una Más" y "Vivas Nos Queremos" tomaron de Argentina la consigna y la adaptaron al propio mapa: a las cifras del SESNSP, a los casos sin resolver de Ciudad Juárez, a la herida abierta del Estado de México, a las desaparecidas de Tamaulipas. La traducción no fue mecánica. Los feminismos mexicanos llevaban décadas trabajando con sus propios marcos conceptuales —Marcela Lagarde, María Marván, las feministas chiapanecas, las académicas chicanas— y la articulación con Ni Una Menos los amplió, no los reemplazó.

La conquista y el retroceso

En la década 2015-2025 ocurrieron, en simultáneo, dos cosas. La primera: muchas de las leyes y políticas que hoy protegen, parcialmente, a las mujeres en América Latina fueron empujadas por la energía del movimiento. Tipificación del feminicidio en países que no la tenían, despenalización del aborto (Argentina en 2020, Colombia en 2022, México federal en 2023), reformas a códigos penales, creación de ministerios y secretarías de la mujer, alertas y observatorios. La segunda: el avance fue acompañado de un endurecimiento del discurso reaccionario. El antifeminismo dejó de ser conversación de barra de bar y se volvió plataforma electoral.

En Argentina, la llegada de Javier Milei al gobierno en diciembre de 2023 marcó un antes y un después. La administración eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Disolvió áreas y organismos especializados en violencia. Promovió, desde funcionarios y vocerías oficiales, lo que organizaciones argentinas llaman explícitamente "antifeminismo de Estado". Las cifras de feminicidio en 2025 ya superaban las de 2024 al cierre del año: 228 entre enero y noviembre, frente a 212 en el mismo periodo del año previo. Y el debate sobre eliminar el agravante de feminicidio del código penal —lo que permitiría que cientos de condenados queden libres— se mantuvo vigente durante todo 2025.

Lo que Argentina nos dice del futuro

Cuando una colega periodista argentina nos escribió desde Buenos Aires en marzo: "Ojalá lo que estamos viviendo no les llegue a ustedes", tomamos su mensaje muy en serio. La experiencia argentina importa para México por cuatro razones que conviene tener claras:

Primero, la velocidad con que se desmantelan las instituciones. Bastaron meses para eliminar el Ministerio. Las estructuras institucionales que tomaron veinte años de construir colectiva pueden destruirse en una legislatura.

Segundo, el papel de las redes sociales como amplificador del antifeminismo. La plataforma X, la propia retórica del jefe de Estado argentino, los influenciadores aliados con su gobierno, ejecutaron una operación cultural sostenida que normalizó conceptos como "ideología de género", "feminismo radical" y "lobby LGBT" como si fueran amenazas reales.

Tercero, la fragilidad del consenso. La aceptación social del feminismo como demanda legítima —que costó décadas construir— mostró ser revertible. En encuestas argentinas de 2025, segmentos de población joven masculina manifestaron mayor rechazo al feminismo que el promedio de generaciones anteriores. Eso obliga a repensar las estrategias comunicacionales.

Cuarto, la resiliencia de las redes feministas. A pesar del retroceso institucional, las colectivas argentinas no desaparecieron. Reorganizaron su trabajo. Crearon redes de financiamiento alternativo para refugios. Sostuvieron la atención a víctimas con presupuestos propios. Esa resiliencia es enseñanza para todas.

En México, este año

En México, el contexto político de 2025 es distinto. La administración federal sostiene el discurso de paridad y nombra como prioridad la igualdad sustantiva. La Secretaría de las Mujeres se creó como gabinete. Pero las colectivas no bajan la guardia: la experiencia argentina muestra que el avance no es lineal. Cualquier alternancia política puede traer un retroceso. Por eso, el Ni Una Menos mexicano de 2025 tiene un componente nuevo: blindar lo conquistado con instituciones autónomas, presupuestos etiquetados de manera permanente y mecanismos de rendición de cuentas que sobrevivan a cambios de gobierno.

A diez años del primer Ni Una Menos: gracias a las argentinas que lo gritaron primero. Y a no soltar la mano. La región nos enseñó que cuando una grita, todas escuchamos. Y que cuando una pierde derechos, todas estamos en riesgo.


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Fuentes:

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