Bertha Cáceres y la deuda con las defensoras de Mesoamérica
A casi ocho años del asesinato de Bertha Cáceres en Honduras, México sigue sin proteger a sus defensoras del territorio. La región mesoamericana acumula una lista larga.
Bertha Cáceres y la deuda con las defensoras de Mesoamérica
Publicado el 8 de enero de 2024 · Categoría: Especiales
El 2 de marzo de 2024 se cumplirán ocho años del asesinato de Bertha Isabel Cáceres Flores, lideresa lenca hondureña, fundadora del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras), defensora del río Gualcarque y opositora de la represa Agua Zarca. Su asesinato, ocurrido en La Esperanza la madrugada del 3 de marzo de 2016, sigue siendo símbolo regional de lo que significa defender territorio en Mesoamérica. Y sigue siendo, también, recordatorio brutal de que la justicia para las defensoras llega tarde, parcial, o no llega.
Aunque el caso Cáceres ocurrió en Honduras, su resonancia en México es enorme. Las redes feministas mexicanas, las colectivas indígenas, las organizaciones ambientales, han nombrado a Bertha en cada marcha del 8M, en cada vigilia por defensoras asesinadas, en cada diálogo regional sobre extractivismo y violencia de género. Bertha es, para muchas, la metáfora viva de que las defensoras de la tierra son cuerpos en disputa por el modelo de desarrollo regional.
La biografía: lo que hizo
Bertha Cáceres dedicó su vida a la defensa de los pueblos indígenas, especialmente del lenca, frente a megaproyectos extractivos. Cofundó el COPINH en 1993, cuando tenía 22 años, y desde entonces lideró batallas contra concesiones mineras, tala ilegal, presas hidroeléctricas y agroindustria. La pelea contra la represa Agua Zarca, propuesta por la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA) sobre el río Gualcarque —considerado sagrado por los pueblos lenca—, fue la lucha más visible. En 2015, recibió el Premio Goldman, el mayor reconocimiento internacional al activismo ambiental.
Un año después fue asesinada. Sus asesinos materiales fueron condenados en 2018. Los responsables intelectuales —incluyendo al ex presidente y co-fundador de DESA, Roberto David Castillo— fueron condenados en 2021 y 2022 después de procesos largos, llenos de irregularidades y con presión sostenida del COPINH y de organizaciones internacionales. Pero las cadenas de poder político y económico que financiaron y autorizaron el crimen siguen, en buena parte, sin tocar.
La deuda regional
Lo que el caso Bertha Cáceres deja como herencia para las defensoras mesoamericanas es ambivalente. Por un lado, mostró que con presión internacional sostenida y litigio coordinado se pueden lograr condenas, incluso para responsables intelectuales con poder. Por otro, mostró que esa lucha cuesta vidas, exige años, requiere redes que no toda colectiva tiene.
En México, las defensoras del territorio han pagado precios similares. Bety Cariño, mixteca, asesinada en San Juan Copala (Oaxaca) en 2010. Mariela Trujillo, Rosa Mago, Mauricia Zaragoza: tres de las siete defensoras triquis asesinadas en Oaxaca en años recientes. Irma Galindo, mixteca, desaparecida en 2021. Lorenza Cano, buscadora en Guanajuato, secuestrada por un comando armado en enero de 2024 (su caso entra al año con doble peso). Cada una de ellas es, también, una Bertha.
Lo que falta institucionalmente
México tiene desde 2012 un Mecanismo Federal de Protección a Personas Defensoras y Periodistas. En teoría, cualquier defensora bajo amenaza puede solicitar incorporación al mecanismo, recibir medidas de protección (escolta, cámaras, alarmas, refugio temporal) y acceso a asesoría legal. En la práctica, el Mecanismo opera con plantilla insuficiente, presupuesto recortado, formación intercultural escasa y, sobre todo, medidas estandarizadas que no se adaptan a contextos rurales remotos.
El CEDAW ha recomendado expresamente al Estado mexicano reconocer formalmente a buscadoras y defensoras como personas defensoras de derechos humanos, con todas las garantías que ese estatus implica. La recomendación sigue pendiente. La Secretaría de las Mujeres anunciada por Sheinbaum, que entrará en operación en enero de 2025, tendrá esa deuda en su escritorio.
A las defensoras
A las defensoras de territorios mexicanos —triquis, mazatecas, nahuas, yaqui, comcáac, wixárika, totonacas, ñañú, purépecha, maya, tseltal, tsotsil, zapoteca, mixteca, chontal, mé'phaa, amuzga, tlapaneca y de tantos otros pueblos— este texto es presencia. Sus luchas son, también, las de Bertha. Y la deuda que la región tiene con todas ellas es deuda de cuidado: protección efectiva, financiamiento sostenido, justicia para quienes ya no están, reconocimiento del trabajo que sostienen.
A Bertha: ocho años después, sigues siendo voz. Sigues recordándonos que defender territorio es defender la vida. Y sigues siendo, también, advertencia: este país no protege a las suyas.
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