Año de las Mujeres Indígenas: lo que el discurso no cuenta
El gobierno declaró 2025 "Año de las Mujeres Indígenas". Las cifras de defensoras asesinadas y agresiones siguen creciendo. Lo que el discurso no incluye importa más que lo que sí.
Año de las Mujeres Indígenas: lo que el discurso no cuenta
Publicado el 13 de enero de 2025 · Categoría: Especiales
El 23 de diciembre de 2024, en la conferencia matutina de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que 2025 sería declarado oficialmente "Año de las Mujeres Indígenas". El gesto, en el papel, suena como un reconocimiento histórico: por primera vez una administración federal coloca a las mujeres indígenas como sujeto político central de un año conmemorativo. El comunicado oficial habló de "saldar deudas" y de "visibilizar aportes". Las cámaras aplaudieron. Pero entre las casas de la Sierra Mazateca, en las comunidades zapotecas del Istmo, entre las defensoras triquis que entierran a sus muertas, el aplauso sonó hueco.
Porque 2025 también arranca con números que el discurso no incluyó. Entre 2018 y 2024, al menos siete mujeres indígenas defensoras del territorio fueron asesinadas en Oaxaca, todas triquis. En la última década, México se posicionó como el segundo país con más asesinatos de defensoras ambientales en Mesoamérica, solo detrás de Honduras. Casi 900 agresiones documentadas contra defensoras de la tierra en apenas dos años. Y eso es solo lo que llegó a los registros: en regiones donde el Estado no llega y donde el ministerio público se traslada en avioneta una vez al mes, lo que se denuncia es un fragmento mínimo de lo que ocurre.
El año de quiénes
Declarar 2025 como "Año de las Mujeres Indígenas" puede ser una herramienta poderosa si va acompañada de presupuesto, política pública y mecanismos de protección reales. Puede ser, también, lo que organizaciones como Consorcio Oaxaca y Tlachinollan llevan tiempo nombrando: una pintura de paredes mientras el techo sigue cayendo. La diferencia entre una y otra cosa la marcan tres preguntas concretas que ya empezamos a hacerle al gobierno federal:
¿Qué presupuesto específico, etiquetado y blindado, se destina en 2025 a la protección de defensoras indígenas? ¿Cuántas de las recomendaciones del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) sobre reconocimiento formal de buscadoras y defensoras como personas defensoras de derechos humanos se van a implementar este año? ¿Qué pasa con los megaproyectos —el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, las concesiones mineras en la Sierra Madre— que desde hace años son el principal motor de violencia contra ellas?
Mientras esas preguntas no tengan respuesta numérica y verificable, lo demás es liturgia.
Las defensoras como categoría incómoda
Las mujeres indígenas defensoras viven una violencia que cruza tres ejes simultáneamente: por ser mujeres, por ser indígenas, por defender el territorio. Esa intersección es lo que las organizaciones llaman "vulnerabilidad cualitativamente distinta", y es lo que explica por qué los protocolos de protección estándar les fallan. A una defensora urbana le asignan un escolta, un botón de pánico, un esquema rotativo. A una defensora wixárika que vive a seis horas de la cabecera municipal más cercana, en un territorio donde la propia policía ha sido cooptada por el grupo armado que ella denuncia, esos protocolos no le sirven. Necesitaría algo distinto: presencia comunitaria, acompañamiento intercultural, traducción, y sobre todo, sanción a los funcionarios que filtran información a sus agresores.
México lo sabe. Los mecanismos existen en teoría —el Mecanismo Federal de Protección a Personas Defensoras y Periodistas opera desde 2012—, pero las propias colectivas han documentado que dos terceras partes de las defensoras incorporadas reportan que las medidas son insuficientes, llegan tarde o se cancelan unilateralmente. La presidenta tiene la palabra: si 2025 es de las mujeres indígenas, el Mecanismo necesita más presupuesto, más personal con formación intercultural, y una rendición de cuentas pública sobre qué pasó con cada una de las defensoras asesinadas o desaparecidas en su gestión.
Lo que sí celebramos
Nombrar 2025 como Año de las Mujeres Indígenas tiene un valor simbólico que sería injusto descartar. Por primera vez, los pueblos originarios pueden exigir que las autoridades les devuelvan, en políticas, lo que les están dedicando en discurso. Es un marco político que abre puertas que estaban cerradas. La Secretaría de las Mujeres, que también arrancó este 1 de enero, anunció una mesa permanente con consejeras indígenas y un fondo específico para proyectos comunitarios de prevención de violencia. Si esa mesa tiene poder vinculante y ese fondo no se diluye en intermediarios, puede ser un avance real.
También hay que decirlo: muchas de las leyes que hoy protegen a las mujeres en México fueron empujadas, en primera fila, por mujeres indígenas que se negaron a esperar permiso. La Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia, la Ley Olimpia, la tipificación del feminicidio en distintos estados, las alertas de violencia de género: todas tienen detrás colectivas mixtas en las que mujeres mazatecas, mayas, nahuas, yaquis, pusieron cuerpo y nombre.
Lo que vamos a observar este año
En esta plataforma vamos a darle seguimiento a tres indicadores concretos durante 2025: el presupuesto efectivamente ejercido en políticas para mujeres indígenas (no el presupuestado en papel), las recomendaciones del CEDAW que se cumplan o se incumplan, y la lista —que ya no debería tener que existir, pero existe— de defensoras asesinadas. Cada vez que se sume un nombre, lo vamos a publicar. Porque el Año de las Mujeres Indígenas debería medirse no por los discursos que lo abren, sino por las defensoras que llegan vivas a diciembre.
A las compañeras triquis, mazatecas, mayas, ñañús, mixes, zapotecas, mixtecas, tseltales, tsotsiles, choles, wixárikas, yaquis, mayos, rarámuris, purépechas, otomíes, totonacas, nahuas, popolucas, chinantecas, chontales, amuzgas, tlapanecas y cuicatecas que están leyendo: este espacio les escucha, las cita, las cree. Y si necesitan denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx también lo es para ustedes.
Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.
Fuentes:
- 2025 año de las mujeres indígenas: panorama actual de discriminación y violencia — Cimacnoticias
- Las mujeres defensoras en México, las matan o las desaparecen — Lado B
- México, segundo en asesinatos de defensoras ambientales — Proceso
- Casi 900 agresiones contra defensoras de la tierra — Infobae
- Guardianas de la Tierra — Amnistía Internacional México
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