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Derechos reproductivos

Violencia obstétrica: el silencio que persiste

La violencia obstétrica afecta a millones de mexicanas durante el parto. Reconocida legalmente, sigue siendo silenciada en hospitales y subregistrada por el sistema de salud.

Por María Hernández
Violencia obstétrica: el silencio que persiste

Violencia obstétrica: el silencio que persiste

Publicado el 20 de mayo de 2024 · Categoría: Derechos reproductivos

La violencia obstétrica es una de las formas más extendidas y menos discutidas de violencia institucional contra mujeres en México. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), aproximadamente 33% de las mujeres mexicanas que dieron a luz en los últimos cinco años reportan haber sufrido algún tipo de violencia obstétrica. La cifra incluye: gritos durante el parto, regaños por expresar dolor, procedimientos sin consentimiento informado, episiotomías rutinarias innecesarias, cesáreas no justificadas, comentarios sobre la sexualidad, y, en casos extremos, agresión física.

Para 2024, las redes feministas y las organizaciones de salud reproductiva siguen exigiendo que la violencia obstétrica se reconozca, se registre y se sancione con la seriedad que merece. La Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia ya la tipifica desde hace años. La aplicación efectiva sigue siendo excepción, no regla.

Qué es violencia obstétrica

La violencia obstétrica, en términos legales, incluye:

Violencia física: tactos vaginales sin consentimiento o injustificados, episiotomías rutinarias, cesáreas innecesarias, maniobra de Kristeller, sujeción durante el parto.

Violencia psicológica: gritos, regaños, comentarios despectivos, comparaciones culpabilizadoras, infantilización, amenazas.

Violencia sexual: tactos íntimos sin consentimiento, comentarios de tono sexual, exposición del cuerpo sin necesidad clínica.

Violencia institucional: imposición de procedimientos sin información completa, rechazo a planes de parto, separación injustificada de madre e hijo recién nacido, restricción de acompañante.

Violencia simbólica: estereotipos sobre el cuerpo de la mujer, sobre la maternidad como destino, sobre el dolor como obligación.

Las cifras del subregistro

Mientras la ENDIREH reporta 33% de prevalencia general, los registros oficiales del sector salud muestran cifras mucho menores. La razón: el subregistro estructural. Las víctimas no denuncian porque desconocen sus derechos, porque temen represalias en futuros embarazos, porque consideran que las prácticas son normales, porque los procesos de queja son disuasorios.

Las cifras que sí se registran muestran patrones:

Tasa de cesáreas: México tiene una de las tasas más altas del mundo, alrededor del 45% de los partos hospitalarios, frente al 10-15% recomendado por la OMS. La tasa alta no se explica por necesidad clínica sino por incentivos institucionales (ahorro de tiempo, programación de personal, evitar litigios).

Episiotomías rutinarias: cerca del 60% de los partos vaginales en hospitales públicos incluyen episiotomía, frente al 10% recomendado.

Atención al parto humanizado: solo una fracción de hospitales públicos tiene protocolos certificados de parto respetado.

Las víctimas que se atreven a contar

Cuando las víctimas se animan a denunciar, sus testimonios son consistentes:

"Me amarraron las piernas porque no quería pujar." — Testimonio recogido por GIRE.

"El doctor me dijo: 'que goces ahora, ya gozaste antes.'" — Testimonio de víctima en Veracruz.

"Me hicieron episiotomía sin avisarme. Me enteré cuando ya estaba sangrando." — Testimonio de víctima en CDMX.

"Mi hijo nació y se lo llevaron sin que yo pudiera verlo. Me hicieron firmar papeles que no leí." — Testimonio de víctima en Estado de México.

Cada uno de esos testimonios refleja prácticas estructurales, no incidentes aislados.

Las consecuencias

La violencia obstétrica tiene consecuencias documentadas:

Mortalidad materna: México tiene tasas de mortalidad materna mayores que países con sistemas de salud similares. Una proporción de esas muertes está vinculada a malas prácticas obstétricas.

Morbilidad materna: complicaciones post-parto que afectan la salud física y mental durante meses o años.

Trauma psicológico: ansiedad, depresión postparto, estrés postraumático. Algunas víctimas evitan futuros embarazos por miedo.

Daños neonatales: bebés afectados por procedimientos innecesarios.

Pérdida de confianza en el sistema de salud: víctimas que evitan acudir a hospitales en futuros embarazos, optando por partos en casa sin asistencia adecuada.

Lo que toca exigir

Una. Capacitación obligatoria del personal médico y de enfermería en parto humanizado y consentimiento informado.

Dos. Auditorías de prácticas obstétricas en hospitales públicos, con publicación de indicadores trimestrales (tasa de cesáreas, episiotomías, complicaciones).

Tres. Líneas de denuncia accesibles para víctimas, con acompañamiento psicológico y legal.

Cuatro. Sanciones efectivas a personal médico que violente. La denuncia administrativa rara vez termina en sanción real.

Cuatro. Protocolos de parto respetado certificados en todos los hospitales públicos.

Cinco. Reconocimiento del parto en casa asistido por parteras tradicionales como opción válida en contextos rurales e indígenas.

A las mujeres que han vivido violencia obstétrica: lo que vivieron no es normal. Tienen derechos. Hay redes que las acompañan. Y este espacio escucha.


Si vives violencia o necesitas denunciar de forma anónima, ni-una-mas.mx es un espacio seguro.

Fuentes:

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