Mortalidad materna: las cifras que México no logra bajar
México mantiene tasa de mortalidad materna por encima del promedio OCDE. Las indígenas tienen tasa 3 veces mayor. Lo que el sistema de salud debe articular.
Mortalidad materna: las cifras que México no logra bajar
Publicado el 5 de junio de 2023 · Categoría: Derechos reproductivos
México mantiene una tasa de mortalidad materna que ningún país con su nivel de desarrollo debería tolerar. Aproximadamente 30 muertes por cada 100,000 nacimientos, según datos de cierre de 2022, lo que equivale a aproximadamente 600-700 mujeres muertas al año por causas obstétricas evitables. La cifra es mayor que en países con sistemas de salud similares (Argentina, Chile, Uruguay) y la brecha indígena es estructural: las mujeres indígenas mexicanas mueren por causas obstétricas a tasa 3 veces mayor que el promedio nacional. La conmemoración del Día de la Mujer Embarazada (3 de junio) es ocasión para mirar las brechas y exigir lo que el sistema de salud mexicano debería garantizar.
Las cifras
Mortalidad materna nacional: aproximadamente 30 muertes por cada 100,000 nacimientos a 2022. La OMS establece como meta razonable menos de 15 por 100,000 para países de ingreso medio.
Muertes absolutas: aproximadamente 600-700 mujeres al año por causas obstétricas. Cifra que ha fluctuado: en 2020-2021 con pandemia, hubo incremento significativo; en 2022 retornó cerca de niveles pre-pandemia.
Estados con mayor mortalidad: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Estado de México con tasas significativamente mayores al promedio.
Brecha indígena: las mujeres indígenas mueren por causas obstétricas a tasa 3 veces mayor que el promedio nacional. En algunos municipios indígenas de alta marginación, la tasa es 5-7 veces mayor.
Causas principales: hemorragia obstétrica (post-parto), preeclampsia/eclampsia, infecciones, complicaciones por aborto inseguro, embarazo ectópico, complicaciones cardíacas y otras patologías no obstétricas pero asociadas.
Edades de mayor riesgo: menores de 15 años (3-4 veces más riesgo) y mayores de 35 años (riesgo creciente).
Adolescentes: las niñas embarazadas (menores de 15 años, aproximadamente 9,000 al año) tienen riesgo letal sustancialmente mayor.
Las brechas estructurales
Brecha rural-urbana: las mujeres rurales tienen acceso limitado a hospitales con capacidad obstétrica. Muchos partos ocurren en casa con asistencia de parteras tradicionales o sin asistencia profesional. El traslado en caso de complicación es lento.
Brecha indígena: además del componente rural, las mujeres indígenas enfrentan:
- Distancia a hospitales con capacidad.
- Discriminación lingüística (atención sin personal que hable lengua materna).
- Prácticas institucionales que ignoran prácticas culturales.
- Falta de articulación con parteras tradicionales.
- Pobreza estructural.
Brecha migrante: las mujeres migrantes (centroamericanas, sudamericanas, caribeñas) frecuentemente carecen de acceso por falta de documentación, miedo a deportación, discriminación.
Brecha por edad: niñas embarazadas tienen riesgo extremo y atención frecuentemente inadecuada.
Brecha trans: mujeres trans con útero (en proceso o sin afirmación) enfrentan violencia institucional cuando buscan atención reproductiva.
Lo que falla en el sistema
Una. Capacidad obstétrica insuficiente en hospitales rurales. Algunos cierran salas de parto por falta de personal o insumos.
Dos. Personal de salud con perspectiva de género limitada: la capacitación en parto respetado, atención a víctimas de violencia, salud sexual y reproductiva es desigual.
Tres. Coordinación entre niveles de atención: cuando hay complicaciones, el traslado entre primer, segundo y tercer nivel es lento.
Cuatro. Atención prenatal de calidad desigual: aunque la cobertura nominal es alta (95%+), la calidad efectiva varía enormemente.
Cinco. Articulación con parteras tradicionales: insuficiente. En zonas rurales e indígenas, las parteras siguen siendo recurso central pero sin apoyo institucional adecuado.
Seis. Atención post-aborto: con criminalización tácita en estados sin despenalización, mujeres que abortaron clandestinamente llegan tarde a hospitales con complicaciones.
Siete. Violencia obstétrica: aproximadamente 33% de las mujeres que dan a luz en hospitales reportan algún tipo de violencia (gritos, insultos, esterilización forzada, cesáreas innecesarias, separación injustificada de bebé).
Ocho. Cesáreas innecesarias: tasa de aproximadamente 45% en hospitales públicos, frente al 10-15% recomendado por OMS. Refleja prácticas defensivas más que necesidad clínica.
Las parteras tradicionales
En zonas rurales e indígenas, las parteras tradicionales sostienen partos seguros con conocimiento generacional. Su trabajo:
Una. Atención durante embarazo, parto y puerperio.
Dos. Articulación con prácticas culturales (rituales, alimentación, posiciones de parto).
Tres. Conocimiento herbolario para complicaciones menores.
Cuatro. Articulación con familias y comunidades.
Cinco. Identificación de complicaciones que requieren traslado hospitalario.
Reconocimiento estatal: ha avanzado en años recientes con programas como el de Modelo de Atención Integral a la Salud (MAI) y articulación con IMSS-Bienestar. Sin embargo, el reconocimiento sigue siendo desigual entre estados.
Capacitación: muchas parteras tradicionales reciben capacitación complementaria de sistema de salud. Otras siguen articulando solamente con conocimiento propio.
Articulación con red hospitalaria: cuando hay complicaciones, las parteras frecuentemente trasladan; los hospitales frecuentemente no respetan ni articulan adecuadamente.
Los casos emblemáticos
Algunos casos que la cobertura mediática reciente ha visibilizado:
Casos de mortalidad materna en Chiapas: documentados por organizaciones locales. Mujeres tseltales, tzotziles, tojolabales muertas por causas evitables.
Casos en Oaxaca: mujeres mixtecas, zapotecas, chinantecas con tasas elevadas.
Casos en Guerrero: en zonas de la Montaña con difícil acceso geográfico.
Casos en CDMX: más raros pero existen, especialmente en hospitales con sobrecarga.
Casos durante pandemia: el incremento de mortalidad materna en 2020-2021 incluyó muchos casos de mujeres que evitaron hospitales por miedo a contagio.
Lo que toca exigir
Una. Sistema de salud con perspectiva de género integrada desde el diseño.
Dos. Articulación con parteras tradicionales con programas operativos en zonas rurales e indígenas.
Tres. Capacitación obligatoria a personal en parto respetado.
Cuatro. Eliminación de violencia obstétrica con auditorías y sanciones.
Cinco. Reducción de cesáreas innecesarias con auditorías hospitalarias.
Seis. Atención específica a niñas embarazadas víctimas de violación: con cumplimiento efectivo de NOM-046.
Siete. Cobertura efectiva en zonas rurales con hospitales con capacidad obstétrica accesible.
Ocho. Mortalidad materna como métrica pública trimestral de cada estado, con planes de reducción específicos.
Nueve. Atención a mujeres migrantes sin condicionalidad de documentación.
Diez. Articulación con organizaciones especializadas: GIRE, IPAS, Católicas, partos respetados.
Lo que esta plataforma sostiene
A las 600-700 mujeres que cada año mueren en México por causas obstétricas evitables: nombrarlas es resistir el silencio.
A las parteras tradicionales que sostienen partos en zonas rurales e indígenas: gracias.
A las redes de salud reproductiva con perspectiva de género: gratitud sostenida.
A las autoridades sanitarias: la mortalidad materna es termómetro de prioridad sustantiva. Las cifras no bajan solas.
A las mujeres embarazadas, paridas, en proceso: este día es de ustedes. Su atención digna es derecho, no privilegio.
Esta plataforma sostiene cobertura. La salud reproductiva es centro de la conversación.
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