Día de la Niña: por qué seguimos teniendo que celebrarlo
El 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Niña. Lo seguimos celebrando porque las niñas siguen viviendo realidades inaceptables. Las cifras, lo que falta, y lo que toca exigir.
Día de la Niña: por qué seguimos teniendo que celebrarlo
Publicado el 6 de octubre de 2025 · Categoría: Abuso
El 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Niña, fecha establecida por Naciones Unidas en 2011 para visibilizar las desigualdades específicas que enfrentan las niñas en el mundo. Cada año, ese día se publican datos que duelen y conmemoran. Cada año, los discursos oficiales se llenan de promesas. Cada año, las cifras se mantienen o empeoran. Esta plataforma se hace una pregunta dura para abrir la semana: ¿por qué seguimos teniendo que celebrar el Día de la Niña?
La respuesta es brutal. Lo seguimos celebrando porque las niñas en México y en el mundo siguen viviendo realidades inaceptables. Porque el abuso sexual infantil sigue siendo crimen mayoritariamente impune. Porque las niñas siguen siendo desaparecidas, asesinadas, embarazadas a edades tempranas por agresores que actúan con confianza de impunidad. Porque la deuda con las infancias femeninas no se cierra con efemérides ni con discursos.
Las cifras que importan
Algunos datos para situar la magnitud:
63 niñas y adolescentes asesinadas y clasificadas como víctimas de feminicidio en el primer semestre de 2025 (REDIM). Es decir, una niña o adolescente cada tres días.
1 de cada 4 niñas en México sufrirá algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 18 años, según estimaciones de organismos internacionales (UNICEF, OMS).
8 de cada 10 casos de abuso sexual infantil son cometidos por personas del entorno cercano (familiares, amigos de la familia, vecinos, profesores, conocidos), según datos consistentes de organizaciones especializadas en infancia. La idea del "extraño peligroso" es minoritaria.
90% de los casos de abuso sexual infantil nunca se denuncian formalmente. Las razones: el agresor pertenece al entorno, la víctima no comprende plenamente lo que ocurre o lo internaliza con culpa, las personas adultas que podrían denunciar a veces no creen, a veces protegen al agresor para "proteger a la familia", a veces denuncian pero el sistema falla.
1.5 millones de niñas en México están en situación de embarazo o maternidad antes de los 18 años. Un porcentaje significativo de esos embarazos son producto de violación sexual.
Más de 3,500 niñas y adolescentes fueron reportadas como desaparecidas durante 2024 (Comisión Nacional de Búsqueda); las cifras de 2025 ya superan ese ritmo.
Lo que esas cifras dicen
Las cifras dicen que la infancia femenina en México no es un periodo seguro de la vida. Está marcada, para una proporción demasiado alta, por exposición a violencias que las marcarán de por vida.
Dicen que el sistema institucional sigue protegiendo más a los agresores que a las víctimas. La carga probatoria recae sobre niñas que apenas pueden hablar de lo que vivieron. Los plazos de los procesos exceden la capacidad de las víctimas de sostener denuncias durante años. Las sanciones, cuando llegan, son frecuentemente menores a las que el código penal prevé.
Dicen que las familias y las comunidades siguen siendo, paradójicamente, los espacios donde ocurre la mayoría del abuso. Eso obliga a repensar las estrategias de prevención: no se trata solo de "no hablar con extraños" sino de generar entornos donde el abuso del entorno cercano sea identificable, denunciable y sancionable.
Lo que sí ha avanzado
Algunos avances que conviene reconocer:
La nueva ley de Chiapas, aprobada en 2025, garantiza acceso a aborto legal y atención psicológica gratuita para niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual, sin requerir denuncia previa. Es un modelo que otras entidades deberían replicar.
La protocolización de "Alerta Amber" y mecanismos similares en varios estados ha mejorado la respuesta inmediata a desapariciones de niñas y adolescentes, aunque la cobertura sigue siendo desigual.
Iniciativas de formación a personal docente en algunos sistemas educativos para detección temprana de signos de abuso. La cobertura es parcial pero creciente.
Visibilización mediática creciente de casos específicos que han forzado respuestas institucionales que antes habrían quedado archivadas.
Lo que toca exigir
Una. Educación sexual integral obligatoria en todas las escuelas, desde primaria, con énfasis en consentimiento, autonomía corporal, identificación de tocamientos inapropiados, denuncia de abusos. La ESI sigue siendo objeto de polémica política en algunos estados; la implementación uniforme nacional es urgente.
Dos. Capacitación sistemática a personal docente, médico, social para detección temprana y para protocolos de derivación adecuados. La sospecha de abuso debe activar protocolos claros, no quedarse en cuchicheos administrativos.
Tres. Procesos judiciales adaptados a las infancias. Cámara Gesell para entrevistas, peritajes con perspectiva infantil, tiempos acortados, evitar revictimización en audiencias.
Cuatro. Refugios y centros de atención específicos para infancias víctimas. La red actual de refugios está orientada principalmente a mujeres adultas y sus hijos pequeños; las adolescentes mayores frecuentemente no encuentran espacio adecuado.
Cinco. Penas firmes y proporcionales para abusadores sexuales infantiles. La impunidad ha sido históricamente alta; las pocas sentencias firmes han sido, en muchos casos, con penas que las organizaciones consideran insuficientes.
Seis. Atención psicológica gratuita y especializada de largo plazo para sobrevivientes. El trauma del abuso sexual infantil es de largo aliento; el acceso público a tratamiento adecuado es muy limitado.
Para las y los lectores
Si tienes niñas o adolescentes cercanas (hijas, sobrinas, hermanas, vecinas), algunos elementos prácticos:
Háblales explícita y a edad apropiada sobre autonomía corporal, consentimiento, partes del cuerpo, qué tocamientos son aceptables y cuáles no, qué hacer si alguien las hace sentir incómodas. Las palabras correctas dichas a tiempo salvan.
Escúchales activamente. Las infancias frecuentemente intentan comunicar lo que viven con palabras incompletas, comportamientos cambiados, síntomas físicos. La atención sostenida les permite encontrar el camino para contar.
Cree cuando una niña o adolescente cuenta algo. La estadística de denuncias falsas en abuso sexual infantil es minúscula comparada con la realidad del subregistro.
Sé canal a recursos profesionales. No reemplazas a una terapeuta, una abogada o un ministerio público, pero puedes facilitar el acceso a quien sí puede ayudar.
El cierre
El Día de la Niña sigue siendo necesario porque el mundo sigue siendo, para demasiadas niñas, un lugar peligroso. Que el 11 de octubre sea recordatorio para todas las personas adultas: ojos abiertos, oídos atentos, corazón disponible, instituciones que respondan. Las niñas merecen ser, simplemente, niñas. Sin tener que ser sobrevivientes.
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Fuentes:
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